dimarts, 14 de juny de 2011

Amantes #1

Sus amantes y los suyos. Los otros amantes de los amantes. Ese rinconcito donde nada pueda pasar y ellas dejen que llueva. Ese rinconcito donde nadie pueda pensar. Que el hablar sea inconsciente y el abrochar el antítesis de la nueva sinfonía. Sí. Los amantes de los amantes.

Quienes lo dicen y quienes lo cuentan. Sí. Los amantes de los amantes.

Amar sin verbos.  Como coser un botón, sin pensarlo demasiado. Como cuando los amantes se aman sin amarse. Y que los que amen amar sigan blancos, que jamás sean conscientes de que no aman a nadie, que huyan del escalofrío. Yestos deseosos, respirando el fútil paisaje que redecora sus sueños, excusan las situaciones para hallar un fluido de verdad en tan embriagadoras torres acrobáticas. Que el amante del amante fracase en su mente, porque le echará de menos, sinceramente deseará hacerlo. Lo disculpará y se reprochará su definitorio, aunque comprensible pesimismo.  

Y el amante se encuentra de nuevo en su conciencia tentada por recuperar los inútiles capítulos de un pasado poco merecedor de mención, antítesis de la realidad de aquél considerado que siempre se creyó el rey de la historia. Recobrando aliento, el amante busca exaltarse con algo, pero no encuentra nada. Porque hay nadas que son muy poca cosa para tomarlas en serio, aunque el amante querría hacerlo y así la necesidad de exaltación se vería complacida otra semana más.

Pero ya no queda nada más que esperar a otra casualidad. Y el amante juega como todos los demás y entre esa sombra es difícil reconocerse. Así los amantes pueden pasar desapercibidos a otros amantes. Y aunque lleguen a ansiar a través de sus cuerpos ese cielo por una casualidad desatendida, el miedo, que es el gran actor del reparto, se encargará de volver anécdota lo que pudo ser eco.