dimarts, 27 de setembre de 2011

El primer día

Fue entrar y allí mismito, como un manotazo en la cara. Sentí como unas ganas de vomitar y me intenté despistar buscando alguna cara conocida que me escondiera.  Un acontecimiento nimio, un jarrón de agua fría, una carcajada burlona cuyo eco frunce mi ceño hace ya más de dos años. Y  ella, tan insidiosa.
La estrella de la fiesta es una sombra desconocida, buscando desesperadamente en el bolso alguna certidumbre o el mechero maldito. Se escabulle por los pasillos al ver caras conocidas y si no puede camuflarse saluda con esa mirada siempre tan esquiva, como si los demás pudiesen zambullirse en sus ojos y agarrarle por la garganta. Y cuándo no se ha sentido ausente, como si siempre hubiese habido un cristal límpido que a manotazos desdeñosos y frustrados ha captado su verdadera esencia a causa de tanto fervor por tocar la vida y lamerse las yemas húmedas. Un deseo embotellado que le proporciona la clarividencia de un loco que ignora cualquier norma social y grita en desacuerdo al mundo, perro. Pero siempre se es más cobarde que los locos y torpemente complaciente con todos los energúmenos que nos hacen la vida francamente imposible.
-insólitamente septiembre ha sido un mes muy productivo-

dissabte, 24 de setembre de 2011

Esas tardes que

Recobrar el aliento, caminar por la catedral con las mismas incertidumbres de antaño. Nada ha cambiado, como si el tiempo siempre te hubiese mantenido aquí, en este paisaje recién otoñal que se abriga en un fino jersey color gris perla. Una lluvia de títulos desconcertantes invitan a asomarse pero esas puertas ocultan demasiadas caras nuevas. Y ahora mismo buscas la austeridad.

Y al final acabas con Cortázar en el bolsillo para variar y escuchas El perseguidor en tu cabeza y el cappuccino se hace más espumoso. Al descender por las escaleras hacia el Borne, ves que nada ha cambiado porque el tiempo no ha existido este último año. Siempre estuviste aquí, mirando el mar soñando con comprar algún piso por el Casco Antiguo.

Las impertinencias de los demás distraen tu actitud contemplativa y te preguntas en qué se basa realmente el existir, cómo se saca provecho a la vida. Cómo escapar de lo cotidiano para no oxidarse el alma. En el fondo buscas la inmortalidad de tus palabras que las barre el viento con hojas secas y te agarra del pescuezo el pasado que mancha el papel. Y descubres que tienes todo por decir y eso se reduce a tu mirada perdida. Que tus máscaras y frivolidades esconden una carencia existencial inquietante, una búsqueda indefinida, inamovible como esa catedral.

Te has ido y has vuelto y siempre has estado aquí, “qué invención el tiempo” piensas. Sigues siendo el mismo, todo tal y como es ahora te resulta tal y como hubiese tenido siempre que ser y descubres que pintando tus propias realidades sales ganando e intentas rozar de vez en cuando con la punta del pie el suelo, para comprobar que aún sigues allí.

divendres, 9 de setembre de 2011

Llegas y tal cual

Menos es más y sin duda alguna con nuestros más y nuestros menos somos hoy lo que menos deseamos y más ansiamos: unos necios apocalípticos del fracaso, un silencio agrietado que se sincera en el lavabo.