dimarts, 27 de setembre de 2011

El primer día

Fue entrar y allí mismito, como un manotazo en la cara. Sentí como unas ganas de vomitar y me intenté despistar buscando alguna cara conocida que me escondiera.  Un acontecimiento nimio, un jarrón de agua fría, una carcajada burlona cuyo eco frunce mi ceño hace ya más de dos años. Y  ella, tan insidiosa.
La estrella de la fiesta es una sombra desconocida, buscando desesperadamente en el bolso alguna certidumbre o el mechero maldito. Se escabulle por los pasillos al ver caras conocidas y si no puede camuflarse saluda con esa mirada siempre tan esquiva, como si los demás pudiesen zambullirse en sus ojos y agarrarle por la garganta. Y cuándo no se ha sentido ausente, como si siempre hubiese habido un cristal límpido que a manotazos desdeñosos y frustrados ha captado su verdadera esencia a causa de tanto fervor por tocar la vida y lamerse las yemas húmedas. Un deseo embotellado que le proporciona la clarividencia de un loco que ignora cualquier norma social y grita en desacuerdo al mundo, perro. Pero siempre se es más cobarde que los locos y torpemente complaciente con todos los energúmenos que nos hacen la vida francamente imposible.
-insólitamente septiembre ha sido un mes muy productivo-