diumenge, 30 d’octubre de 2011

El devenir de las horas exageradas

El tema se zanjó porque jamás hubo una historia, una historia que fuese palpable. Sucedía lacrimosa ante los ojos de quienes ni con doblar el dedo meñique mostraron amago por abortar la enfermedad, unos esquizofrénicos y otros fanáticos. Ella fue tan inocente, y pensar que al cruzarse con antiguos conocidos la conversación se dirigiría hacía otros caudales, pero hay gente que jamás cambia. No hubo concilios que estableciesen unas normas de convivencia, de cordialidad. Sólo quedan antologías y germinaciones.  Fulminar dulcemente con una mueca que se columpia entre el entrecejo fruncido y una media sonrisa, porque no hay otra forma de hacer frente al vigésimo tercer desahucio. Dejarán arder los vestigios de lo que fue y lucharán por vencer a lo que pudo haber sido. "Tal vez así sea mejor"dicen los nobles consejeros. Y se dicen a sí mismos: "a veces hay que aprender a resignarse". Pues quién pudo interpretar esa tendencia inexplicable.

dilluns, 24 d’octubre de 2011

Inextirpable

"Recuerdo que la segunda vez que la vi, me dijo que en ningún momento había esperado volver a verme, y la próxima vez que la vi dijo que pensaba que yo era un morfinómano, y la vez siguiente me llamó dios, y después intentó suicidarse y luego lo intenté yo y después volvió a intentarlo ella, y nada dio resultado, salvo el de unirnos más, tanto, de hecho, que nos compenetramos, intercambiamos personalidades, nombre, identidad, religión, padre, madre, hermano."


Henry Miller. 1939. Trópico de Capricornio.

dimarts, 18 d’octubre de 2011

black sheep

Nunca  jamás se había acumulado tanta desdicha en un salón. El castigo cruel del hijo que se odia a sí mismo. Desviar la mirada ante la clara tendencia de estos últimos años a una muerte asegurada, antes que un futuro incierto. Que fuiste la marioneta del subconsciente y que nada era tan literario como hiciste parecer. Que el único que compartió tu locura y habló tu mismo idioma fue un cadáver que quiso morir contigo. Que inexplicablemente siempre amaste más la vida, que se mostraba siempre gris, y tú te estampabas contra ella y la sangre se te presentó como el mismo Dios. Y de ella quisiste hacer tu arte, y de éste tu vida. Pero el temor a una vida inútil, mediocre, el más probable augurio del que se cree huérfano, el que se cree que padece algún tipo de enfermedad mental, porque si no nada de esto tiene sentido. Y buscar el por qué a demasiadas cosas ya no es una opción, tan sólo queda respirar porque ya no tienes fuerzas para hacer otra cosa.

dijous, 13 d’octubre de 2011

Amantes #2

Me gusta escuchar Astor Piazzolla, preferiblemente Milonga del Ángel, para canalizar esa instantánea sensación de desdicha, abandono y miseria que aparece justo después de hacer el amor. El lecho se transforma en una vereda –o vedera- y moribundos bajo la lluvia, tan nosotros los amantes traicionándonos, nos quedamos tirados, repugnantes, albergando lo poco de verdad que queda en nuestra historia. Realidades metaforseadas por conductas esquizofrénicas para sobrellevar la cotidianidad, como la vieja costumbre de atribuir bandas sonoras  a esta situación por ejemplo. Y al marcharme Alfonsina y el mar, Flor de Lino... creo así nuestro final. Como los pactos benevolentes, casi compasivos del tedioso despertar de los atrincherados.

dimecres, 12 d’octubre de 2011

Caminar desnudo por los pasillos sin que nadie se inmute

No sé si alguna vez te ha ocurrido, pero el caso es que en el momento en que se vislumbran a lo lejos los abruptos polos que rasgan el cielo ensangrentado, no hay primavera que valga. Y diciendo lo de la primavera me refiero a que el deshielo fue una elucubración mía. Quiero decir, que al final no había nada y otro chasco y bla, bla, bla.

Y claro uno intenta recomponerse otra vez y es inevitable echarle la culpa al karma, que es más pintoresco. Este es el punto al que quería llegar, uno se pregunta si es posible escapar del pasado cuando el muy cabrón te espera sentado en un banco. Y ahí llegamos al núcleo de la cuestión: ese preciso instante en que te crees que llevas escrito “VULNERABILIDAD” en la cara. Y te llegas a creer que hasta una hormiguita se mofa de ti, te escruta el alma con la mirada, porque tú vas desnudo y todo el mundo puede admirar tus heridas y mientras chorrea la sangre, la gran institución de observadores implacables te toma como un buen ejemplo de catarsis y distraen su tiempo con tu dolor.

No sé muy bien si te habrá ocurrido lo mismo, seguramente no. Discúlpame por saturarte con este amago de expresión, tal vez un indicio de eclosión, pero está claro que son demasiadas cosas y al fin y al cabo a veces tienes que mandarme a la mierda para que me calle y disfrute de este magnífico atardecer de otoño y un saxo de fondo...