diumenge, 30 d’octubre de 2011

El devenir de las horas exageradas

El tema se zanjó porque jamás hubo una historia, una historia que fuese palpable. Sucedía lacrimosa ante los ojos de quienes ni con doblar el dedo meñique mostraron amago por abortar la enfermedad, unos esquizofrénicos y otros fanáticos. Ella fue tan inocente, y pensar que al cruzarse con antiguos conocidos la conversación se dirigiría hacía otros caudales, pero hay gente que jamás cambia. No hubo concilios que estableciesen unas normas de convivencia, de cordialidad. Sólo quedan antologías y germinaciones.  Fulminar dulcemente con una mueca que se columpia entre el entrecejo fruncido y una media sonrisa, porque no hay otra forma de hacer frente al vigésimo tercer desahucio. Dejarán arder los vestigios de lo que fue y lucharán por vencer a lo que pudo haber sido. "Tal vez así sea mejor"dicen los nobles consejeros. Y se dicen a sí mismos: "a veces hay que aprender a resignarse". Pues quién pudo interpretar esa tendencia inexplicable.