dissabte, 5 de novembre de 2011

Western, cinéfilos y cinéfagos

A las muchachas les gustaba ir de compras a centros comerciales. Acunaban una nueva sensación de vivir mientras ronroneaban sobre sus almohadas. Las estratagemas, los veredictos, al final ya estaba todo escrito. Todas las posibles acepciones ni se reciclaron, porque sus llantos se acomodaban en los bares. Porque no había campanas que doblasen por sus nombres, ni azulejos a juego con la cortina del baño. Las niñas ya no querían reír. Los dejes cinematográficos se tornaron vocablos necios. Ya no había tiempo para ilustrar los gustos personales. Cultivar los adentros granates con los estandartes elitistas definidos en los años cincuenta, su cine de autor y los clichés. Nada más que hogueras, las chicas se creían diferentes.