dilluns, 31 de desembre de 2012

Ya es tradición

“Y nosotros, que pretendíamos plantarle cara al mundo, ahora sabíamos que formamos parte de él, como las pulgas forman parte del perro sarnoso. Los que asistimos  atónitos al espectáculo de aquellos que primero dan de comer y luego matan de hambre. Los que no creímos en la guerra pero tampoco en el paraíso y que sin embargo guerreamos cada noche y suspiramos contra el paraíso. Nosotros, digo, nos sentimos apenados por todos ellos y también cantamos juntos. Y así nos dieron las uvas... así, nos dieron las balas.




dijous, 27 de desembre de 2012

Agarrotados


Entonces era cierto
y nada quería
cuando pudo
tenerlo todo.

Ella por cada
ápice
se dejó
una membrana
y desprotegida
no dejaba de sangrar;
la herida
manaba
como la certidumbre
de que esa
era su vida.

Del sudor
surgió ese diploma
encuadrado
que no mucho le decía
tal vez que era eso,
hojas de evasión
un esfuerzo por saberse en esas páginas más que en su propia existencia. Porque así los días se suceden y jamás quiso adentrarse ni buscar explicación a esos traumas de infancia. Quizás porque los había dejado atrás y nada quedaba de ella en ellos. O tal vez sólo reiteraba la traición porque tuvo que volver a medirse para comprobar que su cuerpo no se había reducido a cenizas. Al cabo de un rato dejó de pensar, corona de sarmiento y rayo, que os den a todos por culo.

diumenge, 23 de desembre de 2012

Autocensura o el arte de cerrarlaputaboca (aniversario de defunción)

-you still are the way we were-

De la torpeza de encandilar con la mirada esquiva sentencié mi vida, porque siempre me iba dando golpes de camino a. Tú pensabas ya viene esa ménade loca y inspirabas con más fuerza concienciándote para lo que iba a pasar después. Entonces eran los vecinos los que podían quejarse de. Y todos los demás también se quejaban y nos reprochaban, detestaban el paso firme, la solidez de nuestras diatribas, perjurando que jamás. Perdimos a muchos amigos y familiares, no jodamos, lo cierto es que valió la. O no, porque después pasó. Aunque no lo supiera, cómo iba yo a saberlo, es lo peor que me ha pasado jamás, pero como siempre tengo la cara dura de decir que no hay que arrepentirse aunque te puteen de la médula hasta el alma porque es cierto que. Y sigo sintiendo cuando tú piensas en. Entonces no es que estuviera yo tan ensombrecida, tal vez fue lo mejor que hice, aunque tú no podrías decir lo. Deja de importar todo, sí. Todo queda zanjado. Se comprende hasta que. Sí, sí, eso lo que más tal vez. Por lo tanto debe ser el viento que vacila, se ha tropezado él solito, no comprende, sí, cállate, ya sabemos que soy la. Y qué, deja de resoplar, es invierno, nada más. Ríndete y márchate al norte, sigo siendo yo y estando aquí, rodeada de estandartes que ni se te ocurra mover un centímetro, aquí siempre reinó el autocontrol.

divendres, 21 de desembre de 2012

Se mató de un tango

Se mató de un tango y los políticos preparan los tanques que ya vienen las palabras. Palabra, palabrita mágica que se les atragantó poco después de noviembre y aunque numerosos estudios analíticos advirtieron sobre lo que iba a suceder, la estadística es algo que se agarra por el manubrio como dos alas esterilizadas y se hace papiroflexia. Menos mal que se mató de un tango.

Acaso nosotros podríamos morir también, de milonga che, cuán dulce desgarro se me antoja de ese desacuerdo del anochecer turbio entre fuegos y música, y nosotros apoyados a esa pared abofeteada. 

dimecres, 19 de desembre de 2012

Debe ser la condición humana que

Todas las parejas hablan de cosas importantes, definen continuamente su relación mediante términos que personas como nosotros tomarían por apocalípticos. Y es más, van de compras juntos y conocen a los padres y cenan en familia… y tú te preocupabas por la consonancia de tus cicatrices. Hace tiempo ya que renunciamos a esa vida, amor, aceptando tímidamente la consideración de que un compañero debería ser el mismo animal extraño. Y se dirían, sin precisar quién es quién pues resulta bastante evidente y tampoco es plan de ofender a nadie:

– Me están buscando.
– ¿Qué piensas hacer?
–  No lo sé. No quiero volver.
– No me prometas que te quedarás. Sabes que siempre puedes irte.
– Tampoco me dejas opción de prometerte nada. Y a ti, ¿no te espera nadie?
– Sería una forma de decirlo.
– ¿Entonces?
– Que yo tampoco lo sé –aguarda unos segundos– pero no necesito saberlo.
 A veces es mucho mejor no saber.
 Lo peor es cuando sabes y no.
 Y no quieres ver. Recurrente cliché.
– Creo que lo mejor es no saber. Si todos supiésemos nadie... en fin, se enamoraría.
– Quiero este lugar contigo.
– ¿Y  el resto?
 Estaremos preparados para lo que venga. Basta con ser conscientes.
– Siempre he tratado de huir de mi conciencia en vano, como si ignorándola me asegurase un lugar en la felicidad, el paraíso, whatever.
 ¿Recuerdas aquella escena de Zabriskie Point?
– ¿La mejor?
– Sí. ¿Qué te parece?
– Karl... con ce ─ríe con el fin de postergarse─ siempre he querido hacer eso. Y provocar explosiones con la mirada.

Se produce un largo silencio, mayor que cualquiera de los anteriores.

─ Está bien, hagámoslo.


Y llorarían juntos, eligiendo el dolor como Faulkner. Desde la voluptuosidad cáustica hasta la resurrección sobre las tejas de una casa rural, que posiblemente acogería vagabundos ebrios que antaño fueron los salvadores del mundo, o algo así. Está claro que resistirse es más improbable que imprudente, y es cuando se desvela  lo mejor y lo peor de cada uno. En esa sed de amarse hay una resistencia implícita, amar es viajar con alas ensangrentadas y corrijo, no eran requiebros, eran las poesías vacilantes de un joven las que siempre dijeron la verdad. Ahora que lo pienso, lo cierto es que aprendí poesía del mejor prosista de la historia, y así fue en todo lo demás.

divendres, 14 de desembre de 2012

Interludio paticojo

La literatura como poder fático era una consideración tan interiorizada que al pronunciarse sentí un nuevo despertar pues en ciertos desmembramientos se produce un loco acierto. Es como cuando piensas en Ícaro y en seguida vas a Brueghel o miras el telediario y aquellas tragedias son la ventanilla de un medio de transporte que tomas día tras día y nada te sorprende, y lo que es peor, nada te altera –qué terrible es la apatía–. Fue en una conferencia, aunque no me detendré a ofrecer una breve exposición de lo tratado puesto que podría desembocar en algo un poco pegajoso, todo sea  para marcar la ausencia. Lo único que destacaré es lo siguiente: “Come moscas cuando tiene hambre La Bandera de Chile / en boca cerrada no entran balas / se calla / allá arriba en su mástil" (Elvira Hernández, La Bandera de Chile).

Si nos trasladamos a esta supuesta contemporaneidad, a un supuesto nosotros, cabría mencionar dos cosas importantes. Primeramente que con nuestra bandera ni nos sonaríamos los mocos. En segundo lugar que la máxima expresión de lo artístico parece ser el bestseller, quedando olvidado todo lo que nos enseñaron los PadresdelaRuptura. Entonces la pregunta: qué es lo que queda por hacer cuando está todo por hacer. Y nada no es opción porque se trata precisamente de la causa previa, la tara que disimulamos mientras rodeamos nuestros ombligos con el dedo y contamos uno, dos, tres apoyándonos en las paredes, en las barbillas, para cerciorarnos de la corporeidad de los latidos de una historia que desconoce su propio argumento.

dimecres, 12 de desembre de 2012

Rutas anejas

Eso que se dice de estar tan cerca el uno del otro cuando cerca sería una especie de sinécdoque o focalización, de un posible caleidoscopio parcialmente definido pero sí intuido y quiero creer que aprehendido a lo largo de estos años. Cuando nos comimos las vísceras, succionamos los pliegues para perpetuar cierta continuidad, alteramos nuestros jugos intestinales para preferiblemente subsistir a base de los líquidos agridulces que se vertían quemando nuestras lenguas procedentes de conductos constreñidos y deshidratados. La fuente estancada de nuestras infancias se liberaba brotando al estilo de un jardín romántico, que entiende de un caos perfectamente congruente. La miga de pan desdeñada, la memoria tramposa, milonga o mandala sentimental, tercio de verdad, ay hay que ataviarse para tal ocasión, la sucesión onomástica y el garbo de la buena siembra. Ciertos trazos que desembocan en el tropiezo con un bote de pintura roja que perpetuó nuestra relación tanto o casi igual como la hermana, la amiga, la amada jitanjáfora de nuestros adentros añejos aún por escarbar. Y tengo miedo de que se me enreden y  tropiece a vista de todos o adentrarme tanto, tanto y tan oscuro, que la lucecita se hizo chiquitita y así no volver jamás porque a nadie se lo ocurrió colgar un cartel  de “EXIT” con luces fluorescentes e intermitentes, aunque eso debe ser cosa de cobardes. Si se prosigue, acto suicida, puede que se halle una ventanita y en lugar de caer, nos encontraríamos por primera vez y verdaderamente, como si la soledad fuera tan sólo un pasaje. Un pasaje sin dedicatorias, sin promesas ni utopías, un pasaje desprovisto de galanterías ni eternidades loadas; ciertamente el suave tacto de mi primera pincelada sobre tu pecho y deslizarnos sin más. Pero para encontrarse como es debido, lo sabemos bien, la espera debe ser proporcional.

dijous, 6 de desembre de 2012

Lo que subyace

Es una situación mediana, de memoria vaga entonces. Al cabo de un rato uno se pierde en la mirada vacía, un lugar plausible y palpable durante la mayor parte de una conversación cualquiera y ajena por supuesto. Y un minuto después ya me están reclamando allá abajo. No da tregua el periplo ni el estruendo de la llamada, contrario al sordo lamento del automatismo feliz que corona nuestras vidas. Y yo diría algo así como: “debido a demasiadas mentiras sabrás dónde buscar si realmente deseas encontrarme, como si leyeras ‘Diálogo con maoríes’”. Lo diría como siempre suelo decir las cosas importantes, que es callando en una espera interminable. Claro que no hay nadie tan retorcido para rastrear mi conducta, y salvaguardaría mi honra atendiendo los síntomas rústicos como si en ello se determinase el día. Muchos me considerarían una farsante, menuda tomadura de pelo, y no se distanciarían demasiado de lo que es, o suele ser, la mayor parte del tiempo, pues siempre estamos abocados a nuestra condición como una culminación invertida. Y si esto es así, prepárate para lo que viene luego.

dissabte, 1 de desembre de 2012

Párpado indiscreto

Veo los sueños sigilosos,
admito los postreros días,
y también los orígenes, y también los recuerdos,
como un párpado atrozmente levantado a la fuerza
estoy mirando.


Pablo Neruda



Al tropezarnos caminamos, al no hacerlo aguardamos la próxima debacle, porque la zambullida es pura inercia, y nuestra comunidad se fundó en los trazos del destierro, el roído muro de nuestro hogar, el abismo que se brinda y sabe a nosotros. El peligro está en la mañana -Meet me in the morning-. La guerra que causa más pavor, contra nosotros mismos. El bello estruendo del despertar, el reflejo gélido de un manantial de espíritus soñados, altas horas de azahar, noches de verano dietético un poco menos estricto, por raciones generosas de fertilidad, racimos breves de catarsis, indigestión necesaria para enaltecer la visceralidad que iba a anunciarse rectora del imperio. Y ahora la paz de la contabilidad nos escupe a la cara ese número primo, errático y sin calzado, al que no se sabe si ahuyentar u ofrecerle un plato de sopa. Pobre exactitud inflexible, geometría de los cuerpos, que nos dice que más allá de lo que alcanza el brazo no podemos abarcar. Tiento a la suerte y es cuando se asoma el espectáculo, observo sin pudor la vacuidad de sus vidas, también sin altivez ni decoro, más  bien como un mero observador que se ignora a sí mismo, harto de tantear a ciegas, esperando ver si algo sucede, algo, que le haga comprender que esa línea que trazó fue consecuente consigo mismo, con su historia, y la de todos ellos.

dimecres, 28 de novembre de 2012

Reverso

Lester Young ocho de la mañana
alto contenido en metamorfosis,
metaforsear apacibilidad en lluvia gris
-sí, preferiblemente gris-.
Que el apogeo ceniciento dé las doce,
y entonces ámame
como polillas adictas al querosén
como familiar nos suena a Baudelaire
Carmen a atardecer
rocío a Pizarnik
y horas sin más, amor.
Alto contenido en nosotros
cada uno y en oferta,
soledad anunciada
en  contraportadas.

diumenge, 25 de novembre de 2012

Hemos vuelto a deambular por casa

Se observa con precariedad, porque es preferible administrar bien el tiempo y la paciencia, cómo se mantienen a flote las incongruencias unánimemente congruentes. Cómo los esfuerzos se colman de más y más dificultades, cómo uno se cae y se levanta como un autómata casi sin derecho a decidir el momento preciso, si prefiere acumular segundos de desesperación mientras se tumba y baja las persianas. No hay opción. Después todo se pondrá en su sitio, dicen. Lo importante es sentir que no se está aguardando.

Se tiende la mano y luego se escapa de los oportunistas.  Por otro lado uno cree conversar, ser parcialmente consciente y palpar con el meñique esa célebre cita tan articulada como desatendida, pues “la realidad no es lo que parece”. Uno no distingue, se equivoca y confía en los extrañados a secas, y me remito a lo dicho en “Del sentimiento de no estar del todo”, pues su noción del extrañamiento es lúdica, recurren al hedonismo e incluso me atrevería a decir que se sirven de esa realidad, se enfundan en ella participando, autoinvitándose al banquete de manzanas con nombre propio librándose de cualquier acto. Se trata de una fatalidad facilitada. Y en el siglo XXI tenemos la versión propagandística mediante las redes sociales, algo que cotidiana y extraordinariamente podríamos denominar esnobismo –atentos a la prótesis que mandan las academias– o enlazaríamos con la expresión barcelonesa y sin vocal neutra molt del pal. Se concluye diciendo que esto es un guiño en toda regla, pueden volver a encender sus audífonos. Mientras tanto yo seguiré en este lugar vagamente estático.

dimarts, 20 de novembre de 2012

Nouvelle vague, más realidades

Mudarse no conlleva a más intimidad, ni siquiera instalándose en el mismísimo Hotel de l’Europe. A Antoine siempre se le dio bien recorrer largas distancias, escapar y rebelarse contra todo aquello que le pudo causar dolor, pero nunca se topó con un muro tan compacto: la indiferencia de Colette. L’amour à vingt ans, tan apasionado como caprichoso, repleto de miradas impasibles y fulminantes insinuaciones, sesiones discontinuas de café que es como el sexo y el sexo es como el café, mientras se conversa distraídamente sobre vinilos para sentirse compensado y acompasado. Las puertas dictan su sentencia y se cierran tras detalles insignificantes que disipan la historia, los que nos despedazan de forma tan lenta y atroz que ni nos atrevemos a pestañear. Entonces mejor prestar atención a la retransmisión del concierto de Schwarzkopf, o a las escenas de aquel laberinto que nunca fuisteis a visitar, hasta que todo pase y el mundo deje temblar, hasta que inesperadamente, algún día, se vuelvan a derrumbar nuestras fortificaciones.

dijous, 15 de novembre de 2012

Decantarse por y para la perpetuación de uno mismo

Demos gracias a la metafísica del siglo XX, que nos apacigua donde más escuece en este mundo de hoy inclasificable, y nos subleva contra él, contra nosotros mismos, nos derrama en un cuerpo efímeramente terso cuyo fin si no es el de posarse como pétalos blancos sobre otros, debe ser que la  concienciación debe seguir extendiéndose contra las necesidades creadas.

Qué dulce es el tacto, la otredad mediante la cual caminamos por varias ciudades, las constelaciones de Octavio Paz, el Boom Latinoamericano en definitiva, con palabras gigantescas y luminosas. La Escuela de Frankfurt, la Internacional Situacionista, el cine de Trauffut, el blues...

Perderse en hálitos para vivir, emparentarlos con la vida.

diumenge, 11 de novembre de 2012

Cordura

No te atormentes si dudas, no te alarmes: es la humanidad. Deja que descansen las piernas y las convicciones. Habrá días mejores. Toma el plano global del pasado y verás que aquella felicidad a la que tanto te aferras fue casi accidental, para nada precisa, y mucho menos duradera. Y es cierto que la vida parece no darnos ni un respiro. También es en esa lucha cuando uno se reconoce progresivamente.

Se colmarán todos tus silencios de gloria mientras que aquellos sabios oradores caerán en el trabalenguas de su propia presunción – sus lapidadas carencias e inseguridades– . Y si vuelves a dudar, recuerda todo el dolor que te causaron, y así nunca querrás volver atrás.

divendres, 9 de novembre de 2012

Al despertar

Apliquemos a este retiro cierto grado de verdad. Ya sabemos que el café se prepara con amor. Que el resto del día son los efectos de un misterio que se suceden sin relevancia. Que si hablamos de lecturas por azar, así soy yo, y así eres tú. Que no he vuelto a toparme con nadie que aborrezca tanto la Navidad –una lástima. Se trata de despotricar en comunidad, de mermar el dolor conociendo otros cuerpos. De autoconvencerse de que se puede, y ciertamente, uno es uno mismo, sin miedos ni pareja, porque a quién invitas a mirar adentro, la mayoría se tropezaría y nadie quiere responsabilizarse de un nuevo homicidio. Hay que acabar las frases, ser valientes, libres como al perder la noción del tiempo con la música. Así deberíamos vivir, apretando los puños como si guardásemos un valioso tesoro sin moderar el abismo de nuestros ojos. Y si llueve que lo haga bajo el aparente anonimato de nuestra frivolidad. Porque o hay demasiado silencio o somos demasiado jóvenes. No digas más, si todo es confuso y estamos viviendo, se trata precisamente de eso.

dimecres, 7 de novembre de 2012

Albada

Ven al alba, amigo de sol y río,
ven al alba.

 Son mis necesidades más pías,
las de amarte.

Ven al alba, amigo de sol y río,
ven al alba.

De encuentro y adiós,
Amor -le dicen- tu nombre en mi boca.

Ven al alba, amigo de sol y río,
ven al alba.

A cada despertar regresas en recuerdo
porque soñar te sueño toda la vida.

Ven al alba, amigo de sol y río,
ven al alba.

Ese amanecer pisoteamos el asfalto,
y nuestros ojos se posaron sobre el mar.

Somos eternos al alba,
efímeros en la vida.
Ven al alba, amigo de sol y río,
ven al alba.

dilluns, 5 de novembre de 2012

Otras aguas

Escribí la inicial con tu sangre y el párpado menguante de los tiempos límpidos en los que nos agasajábamos mientras te bajaba la cremallera del pantalón.

dissabte, 3 de novembre de 2012

tal vez la verdad se halle aquí mismo

Todo queda hilado para que siempre acabe sumergiéndome en mí; fíjate que hasta el cielo es cómplice. Otro día nublado, la ingravidez de las horas sueltas, vivir a corto plazo en el flash de una fotografía y el tedio de despertarse en camas ajenas. Es como un contrato; y a contrabando, las ideas. Parece imposible volver a formar parte de aquello que muchos denominaron “la vida”. Y sin embargo, nada de eso me pareció nunca Real.

dijous, 1 de novembre de 2012

Humanismo anárquico

Partimos de la fragmentación y nuestras vidas se fundamentan en la búsqueda de lo absoluto. Cada yo es un nuevo paradigma de la humanidad; somos las caras ensombrecidas de un cosmos impreciso. Quiero comprenderte, pero no me comprendo. Si Montaigne se justificaba aludiendo a la contradicción que tanto nos define, yo me apoyo en las injusticias de este mundo, y a partir de ahí todo vale.

dilluns, 22 d’octubre de 2012

Jules et Jim

Querido Jim,
Tu extensa carta lo transforma todo. Esta mañana me decía: “Dentro de dos días estará aquí, él y no sólo su carta”. Reunamos pronto nuestra fortaleza del pasado. Porque sola, no volverá.
Jim, ven cuando puedas, pero ven pronto. Ven. Aunque sea tarde por la noche.

Jim recibió una carta de Jules.

Su hijo se ha extinguido en el tercio de su vida prenatal. Catherine desea en lo sucesivo el silencio entre ustedes.

Así que ellos no habían creado nada, Jim pensaba. Es bello querer volver a descubrir las leyes humanas, pero qué práctico debe ser conformarse con las reglas existentes. Hemos jugado con los principios de la vida, y hemos perdido.


Jules et Jim (1962), François Truffaut.

divendres, 19 d’octubre de 2012

La lista de la compra

– Ahora sólo quiero divertirme
– Las de piel cetrina
– ¿Olvidarte?, olvidarte fue como amputarse la pierna a uno mismo
– Capítulo 93, Rayuela  –y siempre–
– Se ama cuando se puede, el resto del tiempo se vive
– Quién decide si una lectura es válida, quién rechaza o acepta los argumentos
– Añoraba la adoración que comulgaba con su cuerpo
– Inventar la paciencia que nunca tuve
– Lorca, Buñuel y Dalí conforman el tríptico universal
– Lo juro o lo intento
– Si todo converge acabas estrellándote
– Podría resumirse en que tú hablabas con tropos y yo asentía sin medias
– Militia amoris
– Que las palabras nos silencien por siempre jamás.

dissabte, 6 d’octubre de 2012

Angelo Badalamenti como punto y coma

No paro de recordar a Mahler, no como Stravinsky que cuando se pone a silbar nos anticipa el renacimiento, o si tuviéramos que plantearnos un invierno inminente lo dejaríamos en manos de Piazzolla, porque porteño todo suena mejor. Mahler simboliza la decepción prematura, el Postromanticismo menos impúber, los cuadros prerrafaelistas. Nada que ver con Liszt sobre las pesadas verdades de mi vida, confesándose, mejor hubiese sido únicamente iluminadas por una vela caduca de sobriedad, pero lo cierto es que tengo una lamparilla amarillenta e impertinente y del Romanticismo no queda mucho más que el pobre Blake ahí abandonado como consecuentemente The Doors, si es que la evidencia todavía no se nos ha fundido como la bombilla ahora mismo. Y a oscuras te digo un tercio de la verdad porque en la música hay que enfundarse lo justo y necesario, como los cuadros, las películas, y andaríamos toda la vida a la sombra de compendios que creemos que encierran a tajos el alma… y así es, te la roban, en el arte hay algo peligroso, uno queda esparcido en pasiones. Y a pesar de todo siempre acabamos recurriendo a las palabras para dedicarnos la última canción -como si hablándonos todo fuese a ir mejor, como intentando absorber por cada sílaba articulada la inmortalidad- condecorándonos con reproches al prójimo como prueba irrefutable de quién quiso más a quién cuando los vestigios de nuestro amor se comparten día a día como la leche en el café o la otra almohada que nos alza un poquito más para abarcar, egocéntricos, nuestros sueños de nosotros, siempre, somos nosotros en nuestros sueños.

Somos insaciables y besos demasiado tiernos. Que me lleven ya las voces del ocaso, siempre opino demasiado cuando se agiliza el desengaño y me enfrento a nadie más que yo, yo en el mundo, sigo siendo de formas diferentes sin llegar a concebir la felicidad de hábitos masacrados por la inercia de tus hazañas por jugar fuerte y morir joven . Sólo voy a huir de mí misma y de mis deditos melómanos sobre tu espalda.

Me duele pensar que ésta es la última vez que te escribo, que sea la última vez que lo diga porque siempre serás tú el destinatario de mis lamentos, como siempre vuelvo a Mahler y como tú te empeñas en reeducarme en todo lo que hago y me dices acertadamente Dvořák, Bach, ¿y Schubert?, sí, algo así, sin percatarte de que poseemos tantos y tantos títulos como vacíos sobre la palma de nuestras manos. No entendemos nada.

Hoy me quedo con Laurens Walking. 

dimecres, 3 d’octubre de 2012

Del tintineo al Apocalipsis

Que no me flaqueen las piernas en el camino, ni el rencor de las fortificaciones, ni la elegancia de los silencios,  ni las fotografías nos tropiecen, ni  el viento devuelva aromas censurados, ni tantos o tan pocos exijan merecida atención, ni las canciones nos desesperen, ni los sueños hablen en mañanas frías, ni el pecado se distraiga pues recuerdo bien y sin embargo también rememoro con precisión enfermiza su alto calibre de paroxismo y todo lo demás, por lo que es otra carga de sincera imposición y desencanto empañados de nosotros y el amor y eso que sabemos que nunca podremos explicar con palabras sigue tañendo, como diríais Hemingway y tú.

divendres, 28 de setembre de 2012

Explotar la tristeza

Una gota que escasea roza la cara, la humanidad se escampa cruel en mi vida de idas y venidas para regresar a un mismo origen donde aún se sigue percibiendo el clamor del proletariado. Y mientras todo eso sucede uno se debate entre ofrendar la debacle emocional con otra lágrima más maravillosamente, o ser medio hijo de puta y usar la desesperación como materia prima, ilustrando cada detalle y escribirlo, escribirlo todo.

dilluns, 24 de setembre de 2012

Fórmulas de asentimiento masivo: la geometrización de pasiones

Cuando me hablan de objetividad es como cuando me hablan de Dios, ya sabes, a la práctica todo es diferente. Más incierto me parece el correlato objetivo, la técnica compositiva en general… porque uno se va formando en el lodo de este mundo, y si quieres que te dé un buen consejo te diré que estudiar teoría literaria es como estudiar teología, hay que quedarse con algún que otro concepto pero no creerse nada.

dijous, 20 de setembre de 2012

Conocimiento implícito

Qué fácil hubiese sido atribuir desenlaces fatales anunciados con pavorosa perplejidad a un noble amago de optimismo, pero lo cierto, y puedo decirlo sin reparo alguno, es que nunca nada me pilló por sorpresa. Tal vez lo que siempre me impactó fue comprobar con qué exactitud mis predicciones se materializaban en realidades tan mediocres como pude percibirlas desde el primer instante en que sentía un cosquilleo puntiagudo sobre la yema de los dedos. Cómo augurar se convertía en la terrible venganza de la exactitud. La minuciosidad de la soledad, que no entiende nada de nostalgias ni de marketing, es el perro que se muerde la cola, no deja de temer el grito ahogado de la obviedad y sin embargo atiende al solipsismo de sus membranas. Cuando se libere de todo prisma el hombre será multidimensional. Más que reproches deben originarse como producto de interminables decepciones cuando uno entiende demasiado bien que esta soledad tan amada es parte de todo, que no podría ser de otra manera.

diumenge, 16 de setembre de 2012

La chanson française y la mujer enamorada

El domingo vive La Bohème yendo y viniendo a través del París del pasillo. Adivinaron sus senos cada vez que se inclinaba para llegar al romanticismo, a los rincones cenicientos de su cuerpo inerte y Que C'est Triste VeniseLe Métèque cuando imagina un medio día bañado de sol pluvial paseando por ciudades desintoxicadas. Mientras espolvorea el resto de la casa crea mariposas grises en llamas tan breves como Ne me Quitte Pas o Et Maintenant -que nunca se escuchan suficientes veces- siendo una perfecta surrealista sin saberlo. 


dijous, 13 de setembre de 2012

Desprestigios y pecados que inmortalicen la emancipación

Urde oprobios en días nublados. De su boca belfa y el territorio aciago nacieron incoherencias imperdonables. La curiosidad insaciable que torna a ser o que se camufla como lo que fue: la esperanza de que fuera. Siempre es que no. Cuánto lo aborrece. Cuánto desea desprenderse de viejos muebles de sándalo plateado que desvelaron su endeble vacuidad bordeada de ilustres palabras. Teme aceptar la ausencia de absurdos anhelos y olfatea el exterior húmedo y le dominan improperios y cualidades amargas de terrible insatisfacción por lo divino y cotidiano y un cúmulo de franquezas con ella misma y tardes de verse como un hipster cualquiera medio tirado sobre telas hindúes, vino tinto y jazz; la vida se le desvela ajena e inalcanzable. El tedio como consecuencia del rechazo globalizado. ¿Cuántos demonios se deben palpar para que ardan pasiones que en la virtud del pecado enjuicien nuestras conductas erróneas? Si algo aprendió es que cualquier medio de liberación parte de un acto equivocado.

dissabte, 8 de setembre de 2012

115.

De los nuevos signos de negación que, incomprendidos y falsificados por la instalación espectacular, se multiplican en los países económicamente más avanzados, es posible extraer ya la conclusión de que se ha inaugurado una nueva época: tras la primera tentativa de subversión obrera, ahora es la abundancia capitalista la que ha fracasado. Cuando las luchas antisindicales de los obreros occidentales son reprimidas ante todo por los sindicatos, y cuando los movimientos de rebeldía de la juventud expresan una nueva protesta uniforme, que implica sin embargo un rechazo inmediato de la vieja política especializada, del arte y de la vida cotidiana, nos encontramos en ambos casos con una nueva lucha espontánea que comienza bajo una apariencia criminal. Son los signos que anuncian un segundo asalto proletario contra la sociedad de clases. Al reaparecer en este dominio, que aunque se ha transformado sigue siendo el mismo, la avanzadilla de aquel ejército sigue a un nuevo “General Ludd” que, en esta ocasión, les empuja hacia la destrucción de las máquinas de permisividad consumista.

DEBORD, Guy. 1967. La sociedad del espectáculo.

dimecres, 5 de setembre de 2012

Sálvese quien pueda

Entiendo la escritura no como el más puro deleite para los sentidos, ni como el trago más honesto de cualquier terapia, ni tan siquiera como un cielo pintado de quimeras -la vida que nunca sucedió-. Me amarro a la escritura como único medio para subsistir en el abismo.

diumenge, 2 de setembre de 2012

61.

El representante del espectáculo unificado (la estrella del espectáculo) es lo contrario del individuo, el enemigo del individuo tanto para sí mismo como para los demás. Al desplazarse hacia el espectáculo como modelo de identificación, el individuo ha renunciado a toda cualidad autónoma para identificarse con la ley general de la obediencia al curso establecido de las cosas en cuanto tal. Las estrellas del consumo, siendo exteriormente la representación de diversos tipos de personalidad, muestran cada uno de estos tipos como si tuvieran acceso igualitario a la totalidad del consumo, encontrando en ello su felicidad de maneras similares. La estrella de la decisión ha de poseer el stock completo de cuanto ha sido admitido como cualidad humana. Las divergencias oficiales entre estas estrellas del espectáculo pueden quedar anuladas por su semejanza oficial, que es la presuposición de su total excelencia. Jruschov se convirtió en General porque decidió la batalla de Krousk, no en el campo de batalla, sino en su vigésimo aniversario, cuando era Jefe de Estado. Kennedy siguió siendo orador después de muerto, llegando incluso a pronunciar su propio elogio ante su tumba, dado que Theodor Sorensen continuó en todo momento redactando los discursos de su sucesor en aquel estilo que tanta importancia adquirió a la hora de hacer reconocible la personalidad del desaparecido. Los personajes admirados, en quienes se personifica el sistema, son bien conocidos por no ser lo que son; se han convertido en grandes hombres a fuerza de descender por debajo del umbral de la más mínima vida intelectual, y ellos lo saben.

DEBORD, Guy. 1967. La sociedad del espectáculo.

divendres, 31 d’agost de 2012

Quién culpara a Climnestra

Seré plañidera mal pagada del entierro de tus besos execrables. El compartimento ocupado de un tren que se dirige a Normandía o más al norte. El peso pesado de tus ilustres esfuerzos por aniquilarte en destellos de extinción. Sísifo se cree en la cima del mundo como tú deshechas el amor, sin saber que esa indolencia es tan efímera como la vida de una polilla. O ver tantos documentales me ha trastocado verdaderamente la cabeza, pero vislumbro que lo veo demasiado bien, este orden primordial de las cosas.

La venganza debe seguir tejiendo. Si es que siga siendo relevante que la venganza responda a la utilidad del orgullo, siendo éste su razón en sí mismo en seguir viviendo, si es que la existencia tolere tal estatismo; mientras que la dignidad, es del alma mía. Y contra eso, mi amor, tan sólo deberías amarme. 

divendres, 24 d’agost de 2012

Todo desemboca en mar

El sexo femenino es generoso y devuelve todo lo que le es dado con un aroma diferente, un idioma extranjero de palabras inconexas, ininteligibles para cada cual que se embarca en su propia utopía personal. El de los mapas sobre la mesa, el taciturno escalador de cumbres y el coleccionista de pólenes disecados sobre tiras de papel humedecidas.

Leo a Marguerite Yourcenar. En una mano un seno, la otra acariciando el agua. La masturbación femenina es como un retiro espiritual, como un mirarse al espejo del alma. Como una expedición sobre sedas imposibles, más lubricadas que cualquier lencería corrompida. Desatino y clamor del graderío en sombras. Safo y Alfonsina Storni me bucean el alma, cantan aquella vieja canción sobre el bello indiferente. El hermoso vejatorio es el zar de los mares, no hay arma nuclear que compita con sus tempestades. Dicen que le dé las gracias, y continúe.

La labor de la masturbación femenina es reinventarse. Es algo más de ahí que de aquí. Nos damos al cosmos sumergido. Por eso no interesa demasiado ningún trazo más que el de estos ojos si la entrega es sincera. Si no, miraremos al techo, a los lados, nunca de frente; nos escondemos tras cualquier cuello sin desear más el amaine que el inicio. Un amor autónomo es síntoma de autodestrucción, un amor propio una veleta que no cesa de girar marcando nuevos destinos por conocer. 

Mientras ellos se entrenan en la palestra, me pregunto quién es digno de esa lucha, quién merecedor de creación, quién absuelto de mis dictámenes. Cuando ardo me vuelvo a la bañera cual Ofelia contemporánea. También me pregunto qué tendremos las mujeres con el agua.

diumenge, 19 d’agost de 2012

de camino a amar una lápida

La muerte está posada sobre mi halo. Ya lleva varios años así. Bien acomodada, bien a gusto, bien despatarrada sin ningún tipo de pudor se toquetea, se desparrama; luego se lleva los dedos a los labios y se besa a sí misma. Hay días en los que está simpática y no me roba la comida, ni bebe de mi agua, ni me cosquillea el cuello cuando intento dormirme. Hay días en los que la muerte bromea sobre los transeúntes y me hace recordar pasadas glorias entre descombros. Ya nos conocemos desde hace años. Por eso se toma en serio lo de que ame en vida y celosa me atrae, me tienta, porque sabe que en esa lucha fiera alguna que otra vez me entregué a la belleza de sus brazos. Los brazos del sueño y el deseo, la calma eterna de la redención. Jamás me apartaría si sus labios se atrevieran a besarme.

dimecres, 15 d’agost de 2012

En casa de Edith Aron se pierden los vocablos

No hay quien los adopte ni quien los ampare. Hay que regar las plantas pero al sol de agosto se nos queman. Ella arropada por una estantería a reventar de títulos, nos mira. Hubo en una página:

Sembraba espectros de la duda al borde de cada amanecer y luego retiraba lo dicho clavando su daga en mi pecho, extinguiendo así la fuerza que nos parió a ambos.

Tú nos mataste.

Fin

divendres, 10 d’agost de 2012

Beneficios del alma

No pierde quien todo lo da, porque no tiene nada que perder. A la nada no le afana nadie. Siempre resta la vida al que se guardó. Darse, es una inversión muy óptima a largo plazo.

dimecres, 8 d’agost de 2012

Ramos de silencio

Muchas veces me preguntaba cómo desvelarte al mundo. Pienso que lo mejor hubiese sido lanzar una plumita al aire y dejarla hacer; el viento siempre acababa devolviéndote.

dilluns, 30 de juliol de 2012

Retomando todo lo dicho anteriormente ("conclusión" es un eufemismo de "repetición")

Ninguna articulación podía hablar con tanta precisión como tu codo perforando con su mirada hasta llegar al núcleo terrestre, desnudo un Doríforo de Policleto, empuñando una caricia, desasosiego e inmortalidad en pasos persistentes como cobras que silban inoportunamente. El cielo es una placa traslúcida, tu pecho una laguna opaca. Yo sé nadar a oscuras, sé cómo hablarte ciegamente en las profundidades de tu alma. Una roca cubierta de musgo se me ofrece como una manzana y debo ingerirla en presente; hay gente que mira siempre adelante, hay otros que a gramitos van comprendiendo que ese tiempo fueron todas las vidas que altercan con la mía, la tuya, y tantos, ¿no? Hay días en que uno no sabe cómo evitar retroceder, y mira que los años pasan sin que uno se dé cuenta. Se conocen a otros, se ama a otros, se pierden amigos, se cede a la familia, se termina de estudiar, y todo avanza a velocidades desmesuradas, y uno cambia de parecer, uno se completa, uno se mira al espejo y se acepta, aprende hasta a quererse un poquito, medio sonriendo se dice “eres la hostia, quién te mandó a ti que”. Vistiendo la boca de burdeos parece una hacerse más fuerte, sellando la palabra con un beso encarnizado y vengativo. Lacre que aprisiona mis confesiones más fieras, a borbotones se tropiezan y enfrentan embistiendo como carneros contra un muro de piedras afiladas, se abren la cabeza y encienden con su sangre más el fuego de los labios, muriendo en el acto perviven en el canto silencioso de la vid desdeñosa frente al esparto de tus redes.

No hay bien ni mal, sólo historias que se cuentan a sí mismas la razón de su existencia y ninguna llega a comprenderse por completo, pues eso supondría su propia extinción. Y todo el mundo sabe que lo que hace a las historias importantes, a veces imprescindibles, es su instinto de supervivencia. Tal vez ese sea el motivo por el cual la gente se enamora más de las historias que de las personas, cuando se anclan a tu vera no hay forma de ahuyentarlas, se aborrecen, te torturan, se quieren tanto porque son las más leales compañeras. Una historia puede hacer que una vida recobre el sentido. Una historia encierra enigmas, las esencias de personas para colmo. Es más cierto contarlas que vivirlas. Es más cierto leerlas que reemprender el pasado. Es amar más furtivamente encerrar en la memoria a alguien que tratar de comprender por qué no pudo ser. Es de lo más difícil que se aprende en esta vida. El amor es un cuento chino, una historia su culminación; mientras la vida se sigue viviendo rodeada de ausencias. 

dissabte, 28 de juliol de 2012

Un cuento chino llamado Amor

Érase una vez nosotros y el poder de la ciudad. Las tertulias enfrente del bar con el cigarrillo en la mano, casi besando el asfalto. El tiempo que viraba y se posaba azarosamente en tus gemelos o mis pezones. Érase una vez una historia que me contaron sobre ti. Mientras te veía enfrentarte al mundo con tu adusta mirada. Las formas en las que te manifestabas eran tan incompatibles entre sí que los estragos que causaban esas luchas sobre nosotros -y sobre todo sobre ti- nos ahogaron a miles de kilómetros de la costa, y decidimos volver, o suicidarnos, pero nunca dejarnos matar el uno por el otro, aunque en tus manos siempre gemía un dulce ardor a muerte, abrazándose con las piernas o nuestras lenguas osadas, encajando más allá de altas mareas. Con el tiempo nos empezamos a acostar con nuestro círculo de amigos más próximo, para sentirnos un poquito más cerca, como extrañarse siendo egoístas y agnósticos. Cualquiera que agarraba y siempre mal. Ella tartamudeando, por vez primera siendo racional. Pronto él se fue apaciguando, y dejó de dejar verse; ella empezó a hacerlo con palabras ciegas, pero nunca tuvo duda de que tan sólo con cruzar una esquina, moverse una nube, cambiar de estación, o ver unos ojos verdes, sería eterna como la más cruda venganza.

dimecres, 18 de juliol de 2012

La salvación de todo poeta

Y la hoja de papel calzó en la máquina y yo me acordé de unas clases de literatura inglesa allá por la calle Charcas, en la que él nos había mostrado como el verso de Geoffrey Chaucer era exactamente la metáfora criolla de "venirse con el cuchillo abajo'el poncho"

Julio Cortázar

Yo lo resumiría con “The treason and the murder in the bed”. Y sin embargo a todo esto mi casa siempre fue un poco "The smiler with the knife under the cloak". Babilonia, que yo partí tan siempre que era hasta común y puede que divertido ese desgarrador silencio pues algunos me lo reprochaban y los cuadros de Nueva Delhi en el pasillo me desgastaban tanto la mirada que no hubo más remedio que desentenderse de camino al exilio ocasional intentando acallar conciencias ajenas. Pues hubo un verdadero tropiezo en el camino; verdadero, cruel y tan bello como exterminable. Tal vez por eso, la mística y el karma, nunca pude ignorar cuando pensaba en mí, era como una inundación.

Y ahora que hablamos de Cortázar, recuerdas en el Libro de Manuel, esa ida de olla con Fritz Lang de Andrés, que lo nombraba recurrentemente después de aquel sueño. Siempre volvía al cine de la noche y todo era eso. Todos caminábamos por Fritz Lang. Los celos, la humedad negra del pozo, el temblor de una taza de café, el jueves floral, un poco y ya es Fritz Lang once de la noche. Doce y sexo liviano, caminando por butacas desiertas y fingir cara de desconcierto ante el misterio para evadir la mirada taxonómica del cazador. Fritz Lang no deja de reinventarse. ¿No crees?

No entiendo qué mierda tiene que ver Fritz Lang en todo esto.

Pues que esa reflexión te hace desdichado, la curiosidad mató al gato, no siempre se corre la misma suerte Freder en Metrópolis. Acabó empapado pero feliz. Pero era todo corazón, se lo merecía.

Es sólo un mero ejemplo del discurrir enfermizo de tipos como El que te dije. Esta realidad es peor que cualquier distopía. Es el contraejemplo de lo que se debe hacer, amigo. Podemos escribir sobre temas universales tanto y los que más como el amor y la muerte, versificando margaritas, describiendo minuciosamente el temperamento sin aludir a ningún vasto paquete del cual seamos remitentes. No te apures, que bajo el sol de un atardecer nadie querrá preguntarse jamás por qué hay brisas que huelen a personas, a páginas de libros viejos, a momentos precisos que saben a pasado y visiones que se insinúan impúdicamente futuras. No hay destinos copulando en regiones altas de un techo agrietado con los años, ni finales que intentan descifrarse frente a un ventilador oxidado. El tiempo siempre juega a nuestro favor. Y todas las traiciones llegan a comprenderse, puede que sea lo más importante.

"The smiler with the knife under the cloak" ergo piensan en mí. Fritz Lang y Karl Marx conversando. Pero ignórame. Si te digo que he dicho exactamente lo que quería decir, que no hay forma más real de decirlo, que no se trata metáforas, antítesis, oxímoron… ¿qué sería de los exégetas?, tampoco quiero quitarle el trabajo a nadie, entiendes. Pero te aseguro que el que se ofrece no lo piensa mientras se despoja. No hay ninguna estrategia más que la de sobreponerse, todo y siempre después, después de tanto.

Hay que ver la gratuidad con la que se reverencia una fuerza mayor ante nosotros, acomodándonos en la herrumbre e ignorando la intriga. Viviríamos en esa realidad sin saber relacionarlo todo, mas él seguiría. Seguiríamos en nuestra fingida seguridad como azarosa contienda a las tres de la mañana. Seguiremos, no te angusties que seguiremos.

Te veo más tranquilo, eres un tipo tranquilo. Ahora piensas que al fin y al cabo aquello que tú denominas “metáfora” es un recurso propiamente aleatorio, como todo lo que se escapa de la debida lógica formal e impuesta tan soberanamente como las pautas de una revista de decoración; es hija predilecta de la conciencia bien sumergida. Me sonríes. Y tal vez te contesto. Pero no nos engañemos, podríamos agradecérselo al cable conector –discutir sobre quién o qué podría ser esta vez–, escapando de la verdadera sazón del concepto, sin querer ver que el único responsable de nuestra dicha es y será siempre, Fritz Lang. 

dimecres, 11 de juliol de 2012

Conversaciones en el cuarto de invitados

El amor es una continua diseminación.
¡Jajaja! esparciendo esperma por el mundo, ¿no?
La simiente, claro. Pero también hay muchas otras formas de esparcirse.
Tanto ambiente agrario te trastornó la cabeza. El amor es más bien como un verso. No se sabe muy bien para qué sirve, sólo que se trata de unas cuantas palabras juntas que componen y dotan de significado a un conjunto mayor, si es que lo hay.
Si es que hay nada de nada. Sólo querría comprobar si es cierto.
Qué esperas que haga.
No me creé yo solita este infierno de sospecha.
Las mujeres siempre esperáis pruebas de amor, primero dejáis una muda para dormir y uno tiene que acostarse con eso al ladito sin moverlo un centímetro de la mesilla o el cajón, luego el cepillo de dientes, la toalla, los calcetines… lo inundaríais todo hasta tener firmada con nuestra propia sangre la promesa. Sois puras negociantes.
Es que la vida es pura burocracia, desde la partida de nacimiento hasta el certificado de defunción.
O sea que te consideras partícipe de tal estruendo, tú que siempre presumiste de ser eterna enemiga de los convencionalismos. No me informaste de esta nueva reinserción social.
No consiste en eso, es que estoy exhausta de esperar. Me paso la vida esperando a estar convencida…
¿A qué viene tanta prisa?
Sí, tal vez tenga prisa en saber si esto nos llevará a alguna parte, o lo de siempre.
El curso de las cosas debe definirse antes de arrancar, siempre eres tan impaciente… cosa de tías.
Sí, soy mujer y tengo derecho a reclamarlo. También nosotras podemos exteriorizar, y después de tantos siglos…
Y ahora eres de nuevo la antagonista de la sociedad y te me presentas como el paradigma contemporáneo de la lucha feminista. Aquí no hay ninguna guerra. ¿Qué batalla querés vencer flaca?

Está más que claro que nunca gané. Me contradigo porque quiero lograr ser feliz en este mundo, pero bien definidas injusticias me lo impiden, porque, es como con mi relación vos. Volverte amar es como la reinserción social, uno quiere pero hay demasiado por discutir y renegociar, y si lo dejamos en manos de esos abogados del azar, parecen no hacer mucho por nosotros. Yo ansío saber, ante todo saber. Y tú tan callado e impasible, cómo te extraña que te pida, incluso debería exigir una ínfima prueba para apoyar tan sólo la puntita del pie. Quiero volver a caminar. Ayúdame a caminar otra vez sobre el terreno pedregoso de nuestra historia. ¿No entiendes, pues, que el amor es una continua diseminación?

dijous, 5 de juliol de 2012

Eros, como tú y como yo

La concentración de la energía erótica en la sensualidad genital impide la trascendencia del Eros hacia otras «zonas» del cuerpo y hacia su medio ambiente, impide su fuerza revolucionaria y creadora.

Herbert Marcuse



Eros, como tu nadas en mi aura declamando el mundo. El otro día salvamos, haciendo el amor, a tu hermano que se suicidó. Anteayer restauramos un templo del pensamiento con nuestros abrazos, y los otros amantes volvieron a alzar la vista hacia los techos de sus sueños y las ruinas no se olvidaron jamás, pero cómo nos lo agradecieron.

Eros, como nos vemos allá fuera de esta realidad. Los dientes aprisionan a la bestia contenida. El silencio nos unió al fin. Tú buscas a alguien que encierre un poquito de mí y yo busco a alguien que encierre un poquito de ti. Cómo estamos observándonos, como espectros pálidos en la noche. Decirte que -“No te salves”, Benedetti- es igual a olvidarte y más, a volverte a intuir en la respiración escondida innecesariamente bajo sábanas sofocantes por puro capricho de armonía subterránea.

 Los picos de tus rodillas, el temblor y el terciopelo de los roces, como el melocotón. Angustiados observamos las ataduras que intentamos quebrar más profundamente, cada vez presionando más hacia la herida vital. El núcleo de nuestra existencia y mi cabello sobre tu cara te ahoga e intentas recogérmelo con tus manos fuertes. La violencia con la que me agarras y extendemos el líquido hacia el vientre, sabe a agua marina.

Plexo solar iluminado por tu flexo esclerótico, iris ardiendo, sol, fusión completa. Hallando en otras vidas la consecución de nuestro amor, maldito seas. Cómo te siento cuando me piensas. Saber que siempre me sabes y yo te supe y al cabo de un rato pasa otro autobús y volvemos a llegar tarde, rotonda, plexo solar, coxis bordeando el cielo, resucitando el lenguaje del Gran Rechazo. Invalidamos las proposiciones y mitificamos la palabra como única verdad absoluta. Compendio de nuestros besos, miedos y calmas, de entrega desembarazada y fugaz, etérea y unánime. Como nunca tuvimos automóvil hacemos el amor en praderas, extendiendo nuestra libido y erotizando hasta la última raíz, y en ciudades llegamos al ático desde callejones nebulosos mediante la alquimia de nuestras insinuaciones.

Eros, como tu entiendes lo que digo. Como quienes lo distanciaron de Logos. Como quienes se presentan como salvación. Días de nadie. Tánatos es siempre lo que percibo cuando estoy invertida en las fauces de la roca. Tiempo y modo en tanto que se pudiera clasificar y reorganizar como en una antología. Álgebra y geometría invalidadas cuando cruzas el trecho del campanario y estamos frente a frente en algo más que esta vida, en un nuevo paseo por las costas imposibles de los muslos, tratados sobre la liberación en los antiguos vértices que se han tornado caminos.

Ábrete y escucha el manifiesto. No dejes de jugar junto a los invitados. Esclarécete mientras estés aún cuerdo. Compra tentativas a buen precio. Ensueña en silencio. Acuérdate de tus muertos. Encuéntrame en cada palpitar y siéntete morir porque son cenizas. Redescubre la pena y el llanto, resucita el temor. Seguidamente encuentras el agujero y al asomarte las lagunas putrefactas que no fluyen. Abre el canal que encierra tu conciencia estancada. Combate la dominación para vernos de nuevo en ese casto almuerzo de monosílabos. Y entonces sólo deja que Eros, como las realidades conversan acomodadas en sillas de mimbre, recupere su nombre, facilite el tránsito de una estación, culmine en la cumbre de una frente como gota tímida de lluvia y nos dé sabiduría para salvarnos de/a nosotros mismos.

divendres, 29 de juny de 2012

Olor de gessamí

Son detalles que como felinos me relamían las heridas, las desinfectaban. Y llegan a valer más que muchas vidas que se anunciaron por el camino. La muerte de esa flor árabe es de las mayores pérdidas que debo afrontar. Y viene mucho más, pero nos queda caldearnos en esos recuerdos y endulzar los que tenemos. Miel en centímetros sobre manteles descoloridos, incienso y luces naranjas. La sección mística y la hispanoamericana en sus tronos, dime Osho qué te cuentan aquellos indígenas despeinados. Al cabo de un rato los elefantes y madame Shiva husmean debido a la ausencia, y buscan a la recién estrenada alma errante. Os retendría de cualquier manera, encadenados en este viaje de aparente cotidianeidad y listas de la compra. Os ruego un instante de quietud para reponerme. Y oigo mi nombre. Voy hacia el pasillo y continua el ritmo. Se acerca la hora de la cena.

dimecres, 20 de juny de 2012

El ojo de las mil espinas

Compro un pasaje y me vuelvo al encinar a recolectar pupilas sin conocer más que las aguas subterráneas que viajaron hasta aquí desde antiguas ciudades, aquellas que no hacen más que sobrealimentar malas hierbas, las que adornan mi jardín de estío. Y se columpian relámpagos en las suaves noches, como tarareando Beethoven, luego Goya y Goethe, tríptico romántico, y esos lo sueltan sin más.


Se habla del descenso, de damas en apuros. Mientras, tecnócratas alemanes en la cuna de la civilización, no pueden vencer sin embargo, la dignidad mediterránea de alzar la cabeza cuando se va al mercado.

Nuestra empresa sería irse de cañas S.A. Consta en apaciguar la rigidez de nuestros muros sin caer en el viejo error de la inconsciencia, el huir de nuestras realidades. Al fin y al cabo el genio desciende del tormento. Se necesita el caos para reinventarse. Y no debe extremarse el maniqueísmo, pues no hace más que entorpecer nuestro tránsito. Ni donna angelicata bajo el sol, ni Lilith de perfil, se trata más bien de fluir.

En la crónica de nuestros días podríamos pasar de Marcuse y Debord a Vargas Llosa y Galeano; de Mai 68 al 15-M. Son las cosas del capitalismo, el neocolonialismo del hemisferio sur. El mundo al revés y recurrir al existencialismo pues la absurdidad amenaza a la salud mental.

Me vuelvo, me vuelvo al encinar. Sobre una roca un ánima blanca, el ojo de las mil espinas. La especie más salvaje de estos terrenos lánguidos. Ha decidido quedarse frente a mí y sin receta osa plantarse. Como un símbolo de madurez amarga, el silencio ocre no termina de decidirse como el ojo, y me recuerdo otra vez, huyendo de ese análisis constante sobre todo lo que acontece. Acaecer sin más. Observar sin más. El viento sopla con más intensidad y se lo lleva y no extraño sus miradas punzantes, me quedo hasta el atardecer admirando su trayecto, su último guiño, su adiós sincero. Es el ser más noble que he conocido en toda mi vida.

dimecres, 13 de juny de 2012

Jorge Sandio

Aumentaba su mal humor con la conciencia de que estaba pasando un cuarto de hora de rebelión. Creía vivir sacrificada a deberes que se había impuesto; estos deberes algunas veces se los representaba como poética misión que explicaba el porqué de la vida. Entonces pensaba:
«La monotonía, la insulsez de esta existencia es aparente; mis días están ocupados por grandes cosas; este sacrificio, esta lucha es más grande que cualquier aventura del mundo».

ALAS "CLARÍN", Leopoldo. 1884. La Regenta.

dilluns, 4 de juny de 2012

Cadáveres de modernistas en descomposición frente a modernillos del mainstraim

En esa calle regada y el petróleo lo inundaba todo y salíamos de aquel bar subiendo esas escalerillas hacia el cielo. Y ya estábamos allí de nuevo, la oscuridad turbada por los andares bárbaros. Podrías vomitar con total precisión con tal de épater le bourgeois de arriba, con su piso de renta antigua y grandes balcones curiosos armados con sus cubos de agua y lejía y cuidado que va, poneros a cubierto. Nos sentimos como los grandes decadentes y volvemos a casa como una escena propia de Luces de Bohemia buscando tentaciones, putas en cada esquina para reforzar esa identidad nocturna; pero ya se sabe que nunca llegamos, nunca lo hicimos.

 El karma, dónde queda el karma. La propiedad de la omnipotencia de mis senos en tu cabeza, en tu pupila y en cada característica definitoria de las plastilinas que manoseabas aquella noche otra vez, que vuelve como un tintineo, que se tumba en tu cama y deja que escribas hasta la saciedad y le des la espalda, cobarde, me dices ojos de alcaraván. Él sabe que siempre vivirá con todo lo que ella calló más que con todo lo que cualquier otra pudiera decirle. Fin.

Imito tu quinésica de culebrilla, leitmotiv desde Baudelaire. Mientras, recordamos que siempre rendimos culto al centro neurálgico cultural, Mi Buenos Aires querido. Y juraría que sonaba algo de Django Reinhardt en nuestras cabezas. Seguimos congelados en ese instante ya que no quedó otra: siempre fuimos atemporales en nuestros tiempos. Sería muy previsible decir “Síndrome de la edad de oro”. Pero no neguemos que hubiéramos dado lo que fuera por haber estudiado en la Residencia de Estudiantes. De todo queda nada menos en Bankia.

Aún medio aturdidos me aventuro a decir que únicamente me gustaría que me acompañases a uno de esos baños de la facultad a primera hora de la mañana, cuando todos están en clase. O de madrugada a mi cama y te fueras antes de las diez. Ser el capricho de un momento cualquiera y sobre todo anónimo. No tener que saludarte de forma imprecisa cada vez que nos cruzáramos por los pasillos, ni forzar sonrisas mientras reorganizo la vida de Clarín.

Pero en este letargo, este entredicho espacio-temporal, en el que estamos sumidos y esperamos llegar al final de la calle, ni es el momento ni es el lugar y por ello todo puede complicarse. Puede que te acerques como un íncubo y te fijes en que estoy despeinada y se me ha corrido el rímel y me hagas abalanzarme hacia ti cuando cites a Buñuel después de que me disculpe por mi aspecto: “estás más interesante que nunca, el desaliño te va muy bien”.

Nuestros hermanos solían preguntarnos quiénes éramos y nosotros nunca supimos responder. No éramos los exiliados a México o París. Éramos los encarcelados en cunas digitalizadas, los que aborrecimos las redes sociales. Somos aquellos que nos equivocamos tanto. Somos los de historias para no dormir -Bécquer es tan culto y popular-. Que no pregunten si todo fue autobiográfico cuando nos arrancamos la piel al escribir estas líneas. Sí, nos despojamos al fin. Porque nacimos en las brechas de familias circenses hasta llegar a la evolución monomaternal. Porque despedí cenizas como la infancia y cayeron sobre mí papeles que no supe abordar. Porque entonces sí que se perdió cualquier atisbo de esperanza al creer se podría llegar a percibir toda esa desesperación y se intuyese mejor el remedio: un devoto de esa parte de ti, como de cada curva de tu cuerpo, y que cada cinco minutos se arrojase sobre tus pies y ofreciese como ofrenda la carne tibia y en boca el vino e interactuar para intercambiar sabores, bordear nuestras joyas y sudar hasta llegar a perder cualquier tipo de certeza sobre ese mundo que nuestros padres llamaban real. Porque ya no tengo nada que perder. Ésta es la realidad de la vieja calle.

Quizás lo más difícil es descongelarse. Quizás es lo más difícil que haré en toda mi vida. Puede que intente observarte desde el final para hacer de lo nuevo una nueva historia que cante cosas nuevas.Y así todo tan nuevo, tan fresco, tan recientemente parido y aunque siempre seguiré teniendo algo que decir sobre todo lo demás, no hay palabras más precisas porque no vemos cómo afrontarlo –y más pronombres, aún más-. Qué decís vosotros. La última y vamos.


dimecres, 30 de maig de 2012

dimecres, 9 de maig de 2012

De ahora en adelante

Nos quedamos allí plantados observando nuestra vida pasar como un rebaño cruzando la carretera. Fuimos demasiado ingenuos al creer que aquellos soliloquios emparedados en potencia se materializarían en nosotros mismos años después de las tragedias, como si de la mismísima justicia poética se tratase, o algo así debimos creer atribuir a nuestras esperanzas. Dejamos tanto de lado para volcarnos de pleno en el cosmos de una noche de verano. Obtuvimos tan poco en esas medias lunas y gozamos bien hidratados de amaneceres absolutos. Pecamos de inverosímiles personajes de novelas que leímos, descoordinando nuestras huídas y persecuciones para tropezarnos bien en serio el uno contra el otro y rogarle a Dios que la boca albergase una mijita de veneno y acabamos a morro, a palo seco, a pelo, devastando toda erupción de vida no fuera que compitiesen con las tuyas, ignorando exóticas flores ya que nada se equiparaba a mi belleza, emulando a hispanoamericanos hasta infectarnos las amígdalas, muriendo descabelladamente al mismo son para que finalmente uno se desmarcase. Y dejase vivir al mundo en paz hasta que su absurdidad lo volvió tan inhumano como los perfectos acoplados a él, los inquilinos de calles adornadas de Cartier. Y siempre aquella danza mortífera acababa en silencio y distancia, y más tarde llegó una y otra vez algo peor.
 
Ellos los vieron y siguieron mostrándose afables para seguir decepcionando. Como siempre levantarse a por el café y una ducha refrescante para morir de claustrofobia en el transporte público y ser sepultado porque el otro volvió a no cumplir. Y joder, otra vez la misma historia, nuevas lecturas de un mismo argumento. Parece que se citan y reinterpretan unos a otros, y hablemos de metaliteratura ya que nada importa.

 Acaba de celebrarse un nuevo logro superfluo, como una nueva firma de moda. Sigue la vida con sus fechas señaladas y tanto trabajo son distracciones poco revitalizantes. Acostumbré a nunca dejarme ver del todo, a no replicar, a conformarme por miedo a quedarme allí sola contra el mundo, en una lucha inútil con tal de seguir soñando cinco minutos más. Pero a estas alturas, nada ya debe temerse porque finalmente estalló algo en mi vientre y mi boca no cesa de articular palabras. No perdona a nadie y lo vomita todo, frente a una audiencia inexistente porque me hallo en esa carretera solitaria, rodeada de verdes colinas y envuelta de un cielo como una pantalla de mandarina, que insinúa tímidamente mediante el viento una playa más silenciosa todavía. Me muero por contarle lo que he visto a mamá. El sueño fue siempre únicamente mío e independiente ante cualquier pretexto desechable de la realidad, tan dueña de sí misma como culpable. Poco a poco, me atrevo a comprender que elegí este camino mucho antes de que los demás me empujaran hacia él.
Como cuando en el patio del recreo, recuerdo que el tobogán era el columpio más solicitado. Se debía hacer una cola infinita para poder llegar a las empinadas escaleras. Cuando por fin me planté en la cima, me quedé prendada de la panorámica, y mi mejor amiga en ese tiempo, debió de impacientarse, ya que me empujó, y en lugar de deslizarme suavemente como algunos pasan por la vida, la gravedad me desvió hacia la izquierda y me caí de boca, partiéndome el cubito y el radio. Ésa fue la primera señal.

dimarts, 1 de maig de 2012

Ah, men. They make the highs their triumphs and the lows due to women.

Nos dejamos caer
fuimos al bar de al lado
nunca hubo despedidas dignas
sólo lluvia sobre nuestra única piel.

La tentativa como un abrigo
en el frío
de la incomprensión de todos.

Quería besarte hasta asfixiarte
pero no fui la única
y así es la última vez
pero me encontré.

Me encontré en el rojo de la sangre. En la furia de aquel cuchillo que trituraba cebolla como tus dedos y las lágrimas se abalanzaban hacia el aceite hirviendo con la tentativa de volver a freír sexo en la cocina. En cada mentira de todos los demás que creían depurarme, pobres ingenuos. En las miradas celosas de aquellas falsas ánimas féminas, alcantarilladas de pestilente mediocridad. Pero sobre todo me encontré en mi tristeza y desconfianza, en los alientos cálidos que susurraban mi nombre, en la solidaridad que me inspiraban las demás traicionadas; y en el compadecerse del enemigo, por qué no decirlo. Pobre Dorotea la casta y pura, cómo sería todo si en boca de la verdad se hallase, y viceversa. La carga milenaria, pues qué fácil fue siempre tacharme de puta.

Así lidero el paseo de las damas mutiladas, quemando las vendas: Penélope también aborreció la costura.

dissabte, 21 d’abril de 2012

Tic-tac: el engendro de la embriaguez

Voy cesando estos días atropellando a sus puentes y en la fugacidad del ocaso vuelvo a entreabrir un ojo, que lloriquea perezoso, para abalanzarme de nuevo. Ruedas ardientes de infinitos trayectos que se entorpecen debido a la profesionalidad de esta conciencia, docta en evadirse y elidir la insustanciabilidad.

Redescubrir en una página azarosa la tendenciosidad milenaria de cobijar a yonquis de ensueño. Venas azules e hinchadas, sangre inyectada en los ojos y todos los clichés de un purgatorio que lleva extendiéndose demasiado porque no es ni quedarse a las puertas de algún nuevo albergue de sábanas limpias, no se asoma ni una esquinita de la alfombra, no reconozco ningún rostro desde las millones y monótonas ventanas de los titánicos edificios que hambrientos aproximan sus dientes de acero anunciando el inminente final y el asfalto y el amor intravenoso, todo se paga.

Como el sentir nostalgia  por redescubrir a las falsas glorias, pues el disertar desencajó mil veces las piezas de un ser que resultaba siempre unidimensional, exponiéndose mediante una complejidad turbia que alegaba eminencias para matizar la plana frustración de conductas frívolas. Adorar y temer a dioses inventados por sí mismos, que nunca han sido más que los anónimos remeros. Cabe aceptar la austera realidad del conjunto para no reinventar alguna excusa coetánea que justifique la autodestrucción ni mude ciudades en pleno solsticio ocasional. Hay que aventurarse hacia esa aceptación.

Hacia la estética de lo accidental y el disparar certero de manos inconscientes, toda una sinfonía del caos para crear esa íntima luz que se posa en ciertas mejillas de los que son loto en contenedores. Debido a recrearse en tardes libres, música alta, horas independientes. No sé si llego a comprender del todo la alta envergadura de lo que en esos momentos acontece. Sería como que a carboncillo alguien redefiniese un poco más mi silueta difuminada, que se perdió un martes cualquiera y debido al síndrome de Stendhal no se la ve mucho por aquí. Se quedó más allá, puede que en algún Renoir insinuándose a través de algún rostro cambiante y más viviente que el trascurrir de una semana hacendosa.

Todo el pasado fue un relámpago. El cielo de hoy mendiga carmín y largos cuellos encharcados como cisnes. Una hora más y otra menos, se desarrollan en la medida en que todo debe saborearse. Como un viaje hacia el sur y la candidez humana. El verso entre nuestros labios, como un estandarte de muerte. Como un vals en el patio arbolado, donde las certezas a inmiscuirse más allá de la calle principal bordean el cementerio. Es un tiempo multitudinario de calladas y ausentes sonrisas, de roces oníricos, de un mañana que es hoy y tantos días que habrán sucumbido al jolgorio de las melodías abstractas, para ralentizarse y acelerarse al mismo instante en que uno asiente buscándose de nuevo, intentando reconocerse universalmente entre tantas creaciones que cautivan al individuo hasta el punto de desenfocar por completo el plano consciente. Los testimonios lúcidos enmudecen.

diumenge, 15 d’abril de 2012

En boca de los justos

Siempre he sido un tanto histriónica. El dolor del mundo a punzadas me socava fulminante y lentamente para acabar el día surcando un trayecto que olvida la sonata y se dirige a las puertas de habitaciones donde suena la melodía de chasquidos y monosílabos.

La gente nunca comprendió la esencia de mi desesperación. Ellos no saben lo que es darse. Darse por completo. Encontrar un saldo negativo. Que ni tan siquiera la nada puede equipararse al tormento de la decepción. Las puertas de la sinceridad permanecerán cerradas hasta que los páramos abrigados dejen de resistírseme.

Luego me acusarán de fría y desquiciaré a ingenuos Romeos que intentaran lidiar con los muros gélidos cercando el núcleo problemático del pecho, los nudos marineros en la garganta, el insaciable apetito corporal de una soledad  bien disimulada. Y otro verano más transcurrirá para la colección de anécdotas absurdas que absorberán las tardes de cefalea e impaciencia. En busca de algo desconocido, siempre expectante y la quietud ardiendo hasta poniente.  

El raudal de las cosas buenas llegará, tiene que llegar. Porque soy volátil en posturas extremistas. Son aplacables por el ungüento para alzarse en la lucha terrible de los cuerpos. La simiente como testimonio de reconciliación entre ambos bandos del colchón alado hasta la saciedad, ya que no hay motivo alguno para permanecer en tierra firme con los molinos cobardes. Y finalmente articular un “te quiero” como el de Benedetti.

Y sin embargo me siento segura dentro del rutinario. Me ayuda a no vaticinar tempestades. Cuando hago lo que es debido me siento mejor, días de lluvia dentro de la ermita hogareña. Pero siempre el mundo me corroe demasiado. La salvación es este silencio contrapuesto a la guerra de lunes a viernes, pues ciertamente hay un terreno virgen más allá del bullicio.

La cacería de elefantes en Botsuana aviva mi furia por cambiar este mundo regido por hombres que manchan con su putrefacta moral hasta el petróleo – y qué lícitas son las nacionalizaciones que hacen temblar al neocolonialismo, por cierto –, mientras que la marca de la entrepierna es suficiente para acelerar esa creencia infantil de que todo se ciñe a la mera voluntad de sus caprichos; y al final dan ganas de volverse feminista por la tierra que todo lo parió. Quién puede asemejarse a la fertilidad de la gran madre. Todo se resume en la codicia humana de intentar asemejarnos a los dioses que inventamos, querer llegar al mismo nivel de lo que nuestra razón no alcanza.

Hoy llueve. La tierra húmeda es la realidad más palpable. Más que todas las haciendas del mundo, más que todas las cuentas en Suiza. El beso indígena que la tierra recibe del cielo sirve para hacer lo debido, todos deberíamos restregarnos por el barro y todos los vientres deberían ser besados. Y al final todo se reduce al individuo y a la conciencia del yo: “yo estoy aquí ahora mismo”, “yo estoy viviendo”. Sin embargo nunca pareció que estuviésemos totalmente seguros de ello.

dimecres, 11 d’abril de 2012

Creer es cruzar un río

Creer es cruzar un río
esperanza es transitar aguas sinuosas
creer es cruzar un río
amar es desnudarte en la orilla
sentir es agua
creer es cruzar un río.

Cruzar un río es más arriesgado  que validar el estatismo mediante la negación. Sería más fácil no levantar cabeza, que si la levantaran los libertadores, que si mira Cuba,
que si
condicionales
millones
repetitivos
eternos
nihilistas
enfrente
y ellos mismos
de otro lado
y solitarias perspectivas.

Qué puede ser más palpable y absurdo que el mundo real y su sistema furtivo. Y donde hay más humanidad es en las heridas sangrantes de sus devastaciones. Ésa es la única posibilidad del ser humano.

Esperando en la cola eterna de la vanidad, para llegar al trono de tu asedio personal, de muerte rogada, recortando las etiquetas de tus nuevas prendas, que luces noches de plástico, de drogas que nublan la única certeza de tu vida: la miseria arrolladora de tu interior. Unas convicciones enmarcadas por tendencias que te dejarán solo a la vuelta de la esquina y desearás haber despertado antes. Pero tal vez, deberíamos ser más realistas, el caso es que puede que jamás te inmutes. Seguramente sea así, está claro que la masificación llegó a los lindes de las conciencias permisivas y es el ama de los que se creen diferentes.

La inanición de tus sentidos únicamente contribuirá a dar cuerda al mecanismo desgarrador de este mundo que te destroza. Y las manos solitarias muestran más implicación que tú. Es muy arriesgado despertarse. Es más doloroso que esconderse en la tristeza e incomprensión. La revolución interior es lo que ofrece a la esperanza una ínfima posibilidad de culminar una vida con sentido.

A pesar de los jardines grises creo en la resurrección. Y en las más tiernas caricias, de un leprosario. Donde palpita más la vida es en aquello tan ajeno y cercano a uno mismo, como la muerte. Busco la carretera infinita. Y los besos con sabor a alfajor, en la comisura un poco de dulce de leche, tibio manjar en la boca desinfectante.

Caminar a través de la ignorancia, para llegar más allá. Topar con la vacuidad, la absurdidad de escalar montañas para volver a descender. Y si no es posible abdicar a una explicación, - y ese es mi caso- entonces, se debe palpar la miseria. Entregarse. Y luego sólo puede haber armonía.

dissabte, 7 d’abril de 2012

En abril sueño primaveras

No sé si había pasado antes o después pero lo cierto es que los días fueron conquistando los terrenos de mi atención y dejé de rememorar su cuerpo y todo se diseminó en una especie de sueño, pues ya no tenía la certeza  de que aquello que sucedió fuera real. Así me entregué de nuevo al sueño solitario, el preludio de las noches de verano. Entonces, consecuentemente fue la primavera mi único amor; y cómo aquel invierno tan escarbado había sido como una especie de retiro espiritual, una metamorfosis ya que yo seguía siendo yo, pero de forma diferente. El ansiado sol me hacía retozar de alegría, luz hasta las siete de la tarde y progresivamente iría aquello aumentando. ¿Sería igual en mi vida? Quién sabe.

La naturaleza eclosionaba y los pájaros revoloteaban al son de Vivaldi. Pero que venga la lluvia, no temo al fango. Resbalarme y sentir corear de nuevo a las almas olvidadas de las criptas, para sentarme al lado de rostros anónimos y desenvolverme tan bien como siempre pensando interiormente hasta sentir desazón, que el mundo gira de forma dispar para unos y otros.

Siempre tuve algo que objetar, pero no sé muy bien el qué. Cómo explicar con exactitud el hábitat, sus coordenadas geográficas y suponer traslación y encaje brutal. No había tiempo para eso porque mi micro universo iba apoderándose de todo y sólo quedaba implicarse en la oleada de imágenes. Soñaba con Klimt, con las medias de Dánae. Con su erotismo y elegancia. Y La calle del agujero en la media. Visualicé repetidas veces a Los amantes de Magritte, tan pasado, presente y futuro; tantos nosotros con quien vincular ese afectivo matiz de cobijo en conductas propias de las relaciones lápida. Tan tomado en serio y otra vez me visitaba un digno final, la Ofelia de Millais, tan Elizabeth Siddal que era sin un Rossetti por quien morir en la bañera. Que siempre acababa preguntándome por qué tomaba baños si no aguantaba más de cinco minutos el vapor asfixiante y salía correteando hacia la ventana y simplemente recordaba la amnesia ardiente bajo el agua, pues tal vez lo hacía por eso, por todo en general.

Y esa desnudez masculina de rostro difuminado regresaba. El caminante de las horas perdidas. El tronar del terror a abrazarse demasiado. El poeta, vox populi. El bello hiriente. Y acallar como un lienzo en el suelo para recibir el pincel rígido de Pollock y sus movimientos autómatas y bruscos, caos y orden sobre el vientre goteando y las musas acarreando el resto. ¡Que no nos priven del numen! Que no nos lancen al suelo que, no nos amen un rato, que entiendan, que entiendan que son ellas el fulgor y las coronas de nuestra vida plebeya. Que sepan que ante tantos claveles, son éstos los que temen enamorarse de las bocas. Y que todos pecamos por las bocas, al fin y al cabo, todos somos claveles caducos de infancias soñadas.

A cada Eros y fugaz Tánatos me consigues. El Leteo riega mis sábanas y olvido un poco más hasta desconocer por completo el rostro opresor que ya carece de nombre, identidad y dirección. El amante conquista tierras rojas y sinuosas y se aparta para que pueda recomponerme, desembarazándome cada vez un poco más de la afectividad de ese entorno tan real como las palabras, tan poco palpable ante la crítica que conlleva a fortalecer mis pasos solitarios por ciudades grises planteando nuevas puestas escenas a esperas de toparme con la trampa del jardín. La soga que se ofrece después de cada viaje.

Pero el viaje seguía y después de pasar por el camino de plátanos de sombra, cada vez más lejos del núcleo urbano, la gravedad se precipitaba por las curvas del norte. Las montañas se insinuaban tímidamente y fugaces acordes de Chopin se prestaban a los conductores. Al entreabrir un ojo comprobaba que todo permaneciese igual, el gato seguía lamiéndose las patas blancas. El despertar solía ser irremediablemente progresivo debido al ruido de la calle y la luz que es también sonora.

Allá en la bruma quedaron todos los espectros de mi pasado. Nació un silencio que era irreprochable. Siempre estuve acostumbrada a escuchar esa voz en off que me lapidaba desde cualquier esquina de la habitación.

Ahora debía situarme en el tiempo y escuchar voces nuevas. Y frente a las carencias de temperatura y humanidad, en abril siempre fui capaz de soñar primaveras, lejanas y eternas, tan lineales como un día mediterráneo, para que de golpe Humphrey Bogart me susurrara al oído:

Estás tan abril que me consuelas. Y hoy cumples veintidós. Here's looking at you, kid.- y clavarse un whisky doble.

Sí que cumplía veintidós. Esta vez era cierto.