dissabte, 14 de gener de 2012

Jeux d’Eau irrumpiendo en la sala

Suena, explota Waltz of The Flowers, en cientos de salones. Fervor, renace el romanticismo fútil, sobrevolando el barrio, en un vals embriagador y como el cascanueces arde el equipaje oneroso y hasta Sísifo recobra el aliento. Tchaikovsky mientras, adormilado sobre un viejo sillón verde botella.

Los recursos se agotan en el preciso momento en que las gotas de lluvia de Maurice Ravel se suicidan contra la ventana de la conciencia. Se llegan a percibir entonces, los brazos transparentes que hacen encajar las piezas defectuosas al engranaje existencial, tan elegantemente que no es posible percatarse hasta que se engarrotan las ideas.

Es la dimensión polar de las tardes ventosas. Simulacros de incendio muy prometedores contrapuestos al estado final. Y si no se está conforme, ¿dónde hay que reclamar? Si se apuesta por “luchar contra todo y contra todos”, ¿es inevitable acabar como Zapata?.

Toda esta divagación metafísica, producto del siempre fructífero descontento, los juegos de la música clásica, recobran el sentido.

Al final no cabe duda de que el mundo acontece en los suburbios. En los mercadillos de segunda mano, en las perchas ajenas a la moda. En los rostros como afligidos con sus labios acomodados. Frente a la digitalización del amor se debe practicar con recelo la política proteccionista. Y aún así se corre el riesgo de sufrir la reacción imperialista y puede que hasta subimperialista, como le pasó a Paraguay durante la Guerra de la Triple Alianza. Hay que salir entonces.  Ejercer la esencialización de las cosas,  alcanzar la verdadera virtud de reconocerse en las pupilas dilatadas de los demás navegantes, aceptar la frialdad del invierno, ser como la lluvia. Entonces la melodía sigue disparando y a borbotones caen las gotas, chapotean, la piscina rebosa, se ahogan. Se ahogan de incomprensión, se hacen de acero.

Finalmente, se estabilizan las pulsaciones, la melodía suena como al principio. Hay que ser muy imbécil para denominarla cacofonía. Todo vuelve a la normalidad, ah, mira... cómo cae la lluvia, las cascadas, la lluvia, las fuentes, las gotas, míralas ahí cómo van, míralas las gotas, otra y otra, el agua, las gotas de agua, mira allí va una más, gotas, una, dos, tres, cuatro, cuántas gotas, cuántas gotas de agua, gotas-de-agua, gotasdeagua, ¿agua?, sí... agua, AGUA.

Dieu fluvial riant de l’eau qui le chatouille.