dimarts, 28 de febrer de 2012

Autoengaño

Miradas que se buscan y jamás se encuentran, porque hay demasiado sol, demasiada piel, demasiadas bocas. Como un fruto de otoño a punto de extinguirse por la conclusión helada. Cuando nuestros cuerpos flotaban sobre un mar frondoso de estrellas, nuestro suelo delator, baldosas de agua reprimida por nuestra fugacidad. Náyades curiosas olisqueando tus plumas de cisne y el devenir fluvial de su decadencia. La incertidumbre labora el perfil cromático de un rastro tardío, el tacto oscuro de la confrontación y su iridiscente desenlace. Dejemos de lado la ataraxia y dispongamos a la tierra de un ápice de sonoridad con nuestros besos. El trigo centellea en tus pupilas, mi boca carmínea tanteando, articulando las palabras del devoto. Beata del más rígido templo y sus jardines de hojas ocres, temblorosas, como mis manos moribundas de frío. Finalmente todo se ciñe al protocolo, tú intentas encontrarme con tu mirada vacía mientras la mía revolotea más allá del techo buscando alguna certeza. En ese preciso momento descubro a mi otro yo observándome, me estira y me absorbe y me encuentro inmersa en un paisaje digno de égloga. El río, la hierba, el silbido de los rayos. Al fin hallo el sosiego tan bien trabajado y manoseado para finalmente engañarte y marchar sin que el instrumento se inmute. Y se concluye con hastío, como un día a día demasiado banal para ser mencionado. Gimnasia escapista llena de paradojas y asentimientos superfluos, pupilas que acuchillan sin indulgencia a los pechos petulantes de los teóricos de bocas pintadas, de tez amarillenta, de sonrisas forzadas y cargas de escaparate. Pero quién es más embustero. Mi verdad errante es el pilar de mi supervivencia y del miedo. Acomodada en mi ínsula, y seguramente muchos platican desde sus torres de marfil, podría tratarme de incomprendida pero sería demasiado fácil. Podría buscarte en tu mirada vacía y sorprenderme ante las certezas de tu ensimismamiento, nuestra relación fortaleciendo tu ego y agilizando tu discurso. Sin embargo correría el riesgo de dejar entrever mi indiferencia y no pongo en duda tu clarividencia, pongo en duda mi imperturbabilidad.



divendres, 17 de febrer de 2012

Un haiku del siglo XII como paradigma de la enajenación

INSOMNIO
Cuando el pájaro del sueño pensó en hacer su nido en mi pupila, vio las pestañas y se espantó,
por miedo de las redes.

Abu Amir Ben Al-Hammara

A las altas horas de cada noche
te entregas a la imagen visionaria
de los muchos vanguardistas,
la imagen predilecta del papel:
qué se te aparece.

Que la lunática acoja
desde sus tobillos pueriles
el resplandor blanco del sol,
un manantial de vida acumulada.

Acongojada abre su boca
y bebe del licor ancestral,
cubre su cuerpo de mantos
de piel y saliva.

Fugazmente se suspende el tiempo
pero vuelves a tu lecho
para darte cuenta de que sigues ahí,
donde debes estar

Álter ego nocturno,
cotidianeidad del insomnio
dónde queda el reencuentro
dónde se halla la paz efímera
del silencio consciente,
la luz de nuevas esperanzas,
los sueños predilectos del papel.

dissabte, 11 de febrer de 2012

Trascendencia del camino

I shall be telling this with a sigh
Somewhere ages and ages hence:
Two roads diverged in a wood, and I—
I took the one less traveled by,
And that has made all the difference.

Robert Frost


Hoy me he desconectado del mundo,
hoy he visto llorar a los peces,
y no sé si es mejor no fingir conformismo,
mas así me entrego a la única compañía merecida,
las voces no acalladas y su argüir atemporal.

Voy a derogar las leyes y las malas costumbres
pisando una tierra nueva
donde los adoquines son musgo verde,
donde no hay campos vedados
y la taxonomía no rige las conductas.

Transgredo la realidad con mi camino alado,
quiero ser humildemente Antoine Doinel, 
que el agua diáfana me acompañe; 
escoger imparcialmente la ruta
para hallar un mar de verdades intangibles.

diumenge, 5 de febrer de 2012

Frío catártico

Nieva en el purgatorio,
como ángel caído,
caminar para desvestirse y tú miras
los pezones expuestos al aire del norte
entregados a la blancura bajo un arco ojival,
emparedados al gemir helado del leal desconcierto,
el perro viejo de cada esquina,
fiel al partir, a cada revolotear de la mirada,
a cada vuelta atrás, de ojearse.
Y te acercas volcán exasperante,
nos crees menos comunes que los demás.
¿Cuánto durará nuestro amor?
Lave, no habrá ningún milagro.
Desconfiar sólo da paso a tu soledad.
Entonces bien sabes que partirás
porque muchas más te desean y yo no sobreviviré,
me dejarás por otra que te guste más
como a las otras -conozco a dos de ellas por lo menos-.
La simpleza callada del mar gris,
las tejas se lucen blancas,
también escapan de la objetividad,
aquella belleza tersa que no conoce traición.
Escurrirse en la cama de hielo, canta,
tus labios de Tiro también se marchitarán;
mirar sin esconder las bolsas de los ojos,
ser la vergüenza del jardín helado,
dices y se abstienen hasta los silencios.