diumenge, 5 de febrer de 2012

Frío catártico

Nieva en el purgatorio,
como ángel caído,
caminar para desvestirse y tú miras
los pezones expuestos al aire del norte
entregados a la blancura bajo un arco ojival,
emparedados al gemir helado del leal desconcierto,
el perro viejo de cada esquina,
fiel al partir, a cada revolotear de la mirada,
a cada vuelta atrás, de ojearse.
Y te acercas volcán exasperante,
nos crees menos comunes que los demás.
¿Cuánto durará nuestro amor?
Lave, no habrá ningún milagro.
Desconfiar sólo da paso a tu soledad.
Entonces bien sabes que partirás
porque muchas más te desean y yo no sobreviviré,
me dejarás por otra que te guste más
como a las otras -conozco a dos de ellas por lo menos-.
La simpleza callada del mar gris,
las tejas se lucen blancas,
también escapan de la objetividad,
aquella belleza tersa que no conoce traición.
Escurrirse en la cama de hielo, canta,
tus labios de Tiro también se marchitarán;
mirar sin esconder las bolsas de los ojos,
ser la vergüenza del jardín helado,
dices y se abstienen hasta los silencios.