dimarts, 6 de març de 2012

Escuchas

Quisiera ser el hombre absurdo, pero aún así no puedo evitarlo: escucho a Frost como si fuera el padre que nunca tuve. Los susurros dulces, las tierras y sus almas zambullidas, las colinas heladas osadas, las rodillas mendigando cariño mediocre. Luego el ”Poema I” de Neruda y se desgarran ensangrentando el camino todas las partículas que sostienen mi reinserción en sociedad, mi conducta conformista producto de aquel voto unánime de espectros desconocidos. Y las grandes ciudades se desploman y las ruinas cantan y cuando el fin del mundo se asoma únicamente ansío besarle desaforadamente. Esos genios lograrán destruirme. Afortunadamente con el fin de mutar en nuevas membranas de esperanzas retraídas, júbilos, vientos de sílfides avanzando peligrosamente hacia vanos acantilados de placer inconsistente, porque el que se entrega es siempre masoquista y paga su precio.

Casas blancas, cartas, hojas de papel absurdas, tiempos inventados, tiempos perdidos, saxos, llantos elocuentes, acuerdos intermitentes, álzate típicamente con sístoles, diástoles, tópicamente, estoicamente, sin control lo mando todo a la mierda y te hablo como al más cercano de todos los hijos de puta que creen engañar con trucos convencionales a la más enorme y abrupta vacuidad. Mientras yo siempre me encuentro desprovista de conductas consecuentes. De capacidad para aceptar los esfuerzos y consecuentemente los resultados fugaces. Debería abrazar la infinita absurdidad, dicen. Podría aullar de dolor pero a quién se lo dedico Carl Solomon. Pasas demasiado tiempo sola. Siempre estoy rodeada de gente. Es como tu epitafio, el efugio.

Yo podría vivir del aire sedentario, pero jamás aguardaría tanto tiempo a que el viento virase. Se transmutase en gloria bendita de carne y hueso, tan palpable como fango, para finalmente admirar la escultura inamovible de una inexistencia anónima pero persistente. No, nunca he podido ser un mero espectador.

Escucho a los grandes y las nuevas tecnologías me lo brindan, navegando en ríos de Alprazolam. He aquí el hombre coetáneo.