dimecres, 11 d’abril de 2012

Creer es cruzar un río

Creer es cruzar un río
esperanza es transitar aguas sinuosas
creer es cruzar un río
amar es desnudarte en la orilla
sentir es agua
creer es cruzar un río.

Cruzar un río es más arriesgado  que validar el estatismo mediante la negación. Sería más fácil no levantar cabeza, que si la levantaran los libertadores, que si mira Cuba,
que si
condicionales
millones
repetitivos
eternos
nihilistas
enfrente
y ellos mismos
de otro lado
y solitarias perspectivas.

Qué puede ser más palpable y absurdo que el mundo real y su sistema furtivo. Y donde hay más humanidad es en las heridas sangrantes de sus devastaciones. Ésa es la única posibilidad del ser humano.

Esperando en la cola eterna de la vanidad, para llegar al trono de tu asedio personal, de muerte rogada, recortando las etiquetas de tus nuevas prendas, que luces noches de plástico, de drogas que nublan la única certeza de tu vida: la miseria arrolladora de tu interior. Unas convicciones enmarcadas por tendencias que te dejarán solo a la vuelta de la esquina y desearás haber despertado antes. Pero tal vez, deberíamos ser más realistas, el caso es que puede que jamás te inmutes. Seguramente sea así, está claro que la masificación llegó a los lindes de las conciencias permisivas y es el ama de los que se creen diferentes.

La inanición de tus sentidos únicamente contribuirá a dar cuerda al mecanismo desgarrador de este mundo que te destroza. Y las manos solitarias muestran más implicación que tú. Es muy arriesgado despertarse. Es más doloroso que esconderse en la tristeza e incomprensión. La revolución interior es lo que ofrece a la esperanza una ínfima posibilidad de culminar una vida con sentido.

A pesar de los jardines grises creo en la resurrección. Y en las más tiernas caricias, de un leprosario. Donde palpita más la vida es en aquello tan ajeno y cercano a uno mismo, como la muerte. Busco la carretera infinita. Y los besos con sabor a alfajor, en la comisura un poco de dulce de leche, tibio manjar en la boca desinfectante.

Caminar a través de la ignorancia, para llegar más allá. Topar con la vacuidad, la absurdidad de escalar montañas para volver a descender. Y si no es posible abdicar a una explicación, - y ese es mi caso- entonces, se debe palpar la miseria. Entregarse. Y luego sólo puede haber armonía.