dimecres, 30 de maig de 2012

dimecres, 9 de maig de 2012

De ahora en adelante

Nos quedamos allí plantados observando nuestra vida pasar como un rebaño cruzando la carretera. Fuimos demasiado ingenuos al creer que aquellos soliloquios emparedados en potencia se materializarían en nosotros mismos años después de las tragedias, como si de la mismísima justicia poética se tratase, o algo así debimos creer atribuir a nuestras esperanzas. Dejamos tanto de lado para volcarnos de pleno en el cosmos de una noche de verano. Obtuvimos tan poco en esas medias lunas y gozamos bien hidratados de amaneceres absolutos. Pecamos de inverosímiles personajes de novelas que leímos, descoordinando nuestras huídas y persecuciones para tropezarnos bien en serio el uno contra el otro y rogarle a Dios que la boca albergase una mijita de veneno y acabamos a morro, a palo seco, a pelo, devastando toda erupción de vida no fuera que compitiesen con las tuyas, ignorando exóticas flores ya que nada se equiparaba a mi belleza, emulando a hispanoamericanos hasta infectarnos las amígdalas, muriendo descabelladamente al mismo son para que finalmente uno se desmarcase. Y dejase vivir al mundo en paz hasta que su absurdidad lo volvió tan inhumano como los perfectos acoplados a él, los inquilinos de calles adornadas de Cartier. Y siempre aquella danza mortífera acababa en silencio y distancia, y más tarde llegó una y otra vez algo peor.
 
Ellos los vieron y siguieron mostrándose afables para seguir decepcionando. Como siempre levantarse a por el café y una ducha refrescante para morir de claustrofobia en el transporte público y ser sepultado porque el otro volvió a no cumplir. Y joder, otra vez la misma historia, nuevas lecturas de un mismo argumento. Parece que se citan y reinterpretan unos a otros, y hablemos de metaliteratura ya que nada importa.

 Acaba de celebrarse un nuevo logro superfluo, como una nueva firma de moda. Sigue la vida con sus fechas señaladas y tanto trabajo son distracciones poco revitalizantes. Acostumbré a nunca dejarme ver del todo, a no replicar, a conformarme por miedo a quedarme allí sola contra el mundo, en una lucha inútil con tal de seguir soñando cinco minutos más. Pero a estas alturas, nada ya debe temerse porque finalmente estalló algo en mi vientre y mi boca no cesa de articular palabras. No perdona a nadie y lo vomita todo, frente a una audiencia inexistente porque me hallo en esa carretera solitaria, rodeada de verdes colinas y envuelta de un cielo como una pantalla de mandarina, que insinúa tímidamente mediante el viento una playa más silenciosa todavía. Me muero por contarle lo que he visto a mamá. El sueño fue siempre únicamente mío e independiente ante cualquier pretexto desechable de la realidad, tan dueña de sí misma como culpable. Poco a poco, me atrevo a comprender que elegí este camino mucho antes de que los demás me empujaran hacia él.
Como cuando en el patio del recreo, recuerdo que el tobogán era el columpio más solicitado. Se debía hacer una cola infinita para poder llegar a las empinadas escaleras. Cuando por fin me planté en la cima, me quedé prendada de la panorámica, y mi mejor amiga en ese tiempo, debió de impacientarse, ya que me empujó, y en lugar de deslizarme suavemente como algunos pasan por la vida, la gravedad me desvió hacia la izquierda y me caí de boca, partiéndome el cubito y el radio. Ésa fue la primera señal.

dimarts, 1 de maig de 2012

Ah, men. They make the highs their triumphs and the lows due to women.

Nos dejamos caer
fuimos al bar de al lado
nunca hubo despedidas dignas
sólo lluvia sobre nuestra única piel.

La tentativa como un abrigo
en el frío
de la incomprensión de todos.

Quería besarte hasta asfixiarte
pero no fui la única
y así es la última vez
pero me encontré.

Me encontré en el rojo de la sangre. En la furia de aquel cuchillo que trituraba cebolla como tus dedos y las lágrimas se abalanzaban hacia el aceite hirviendo con la tentativa de volver a freír sexo en la cocina. En cada mentira de todos los demás que creían depurarme, pobres ingenuos. En las miradas celosas de aquellas falsas ánimas féminas, alcantarilladas de pestilente mediocridad. Pero sobre todo me encontré en mi tristeza y desconfianza, en los alientos cálidos que susurraban mi nombre, en la solidaridad que me inspiraban las demás traicionadas; y en el compadecerse del enemigo, por qué no decirlo. Pobre Dorotea la casta y pura, cómo sería todo si en boca de la verdad se hallase, y viceversa. La carga milenaria, pues qué fácil fue siempre tacharme de puta.

Así lidero el paseo de las damas mutiladas, quemando las vendas: Penélope también aborreció la costura.