dimarts, 1 de maig de 2012

Ah, men. They make the highs their triumphs and the lows due to women.

Nos dejamos caer
fuimos al bar de al lado
nunca hubo despedidas dignas
sólo lluvia sobre nuestra única piel.

La tentativa como un abrigo
en el frío
de la incomprensión de todos.

Quería besarte hasta asfixiarte
pero no fui la única
y así es la última vez
pero me encontré.

Me encontré en el rojo de la sangre. En la furia de aquel cuchillo que trituraba cebolla como tus dedos y las lágrimas se abalanzaban hacia el aceite hirviendo con la tentativa de volver a freír sexo en la cocina. En cada mentira de todos los demás que creían depurarme, pobres ingenuos. En las miradas celosas de aquellas falsas ánimas féminas, alcantarilladas de pestilente mediocridad. Pero sobre todo me encontré en mi tristeza y desconfianza, en los alientos cálidos que susurraban mi nombre, en la solidaridad que me inspiraban las demás traicionadas; y en el compadecerse del enemigo, por qué no decirlo. Pobre Dorotea la casta y pura, cómo sería todo si en boca de la verdad se hallase, y viceversa. La carga milenaria, pues qué fácil fue siempre tacharme de puta.

Así lidero el paseo de las damas mutiladas, quemando las vendas: Penélope también aborreció la costura.