dimecres, 11 de juliol de 2012

Conversaciones en el cuarto de invitados

El amor es una continua diseminación.
¡Jajaja! esparciendo esperma por el mundo, ¿no?
La simiente, claro. Pero también hay muchas otras formas de esparcirse.
Tanto ambiente agrario te trastornó la cabeza. El amor es más bien como un verso. No se sabe muy bien para qué sirve, sólo que se trata de unas cuantas palabras juntas que componen y dotan de significado a un conjunto mayor, si es que lo hay.
Si es que hay nada de nada. Sólo querría comprobar si es cierto.
Qué esperas que haga.
No me creé yo solita este infierno de sospecha.
Las mujeres siempre esperáis pruebas de amor, primero dejáis una muda para dormir y uno tiene que acostarse con eso al ladito sin moverlo un centímetro de la mesilla o el cajón, luego el cepillo de dientes, la toalla, los calcetines… lo inundaríais todo hasta tener firmada con nuestra propia sangre la promesa. Sois puras negociantes.
Es que la vida es pura burocracia, desde la partida de nacimiento hasta el certificado de defunción.
O sea que te consideras partícipe de tal estruendo, tú que siempre presumiste de ser eterna enemiga de los convencionalismos. No me informaste de esta nueva reinserción social.
No consiste en eso, es que estoy exhausta de esperar. Me paso la vida esperando a estar convencida…
¿A qué viene tanta prisa?
Sí, tal vez tenga prisa en saber si esto nos llevará a alguna parte, o lo de siempre.
El curso de las cosas debe definirse antes de arrancar, siempre eres tan impaciente… cosa de tías.
Sí, soy mujer y tengo derecho a reclamarlo. También nosotras podemos exteriorizar, y después de tantos siglos…
Y ahora eres de nuevo la antagonista de la sociedad y te me presentas como el paradigma contemporáneo de la lucha feminista. Aquí no hay ninguna guerra. ¿Qué batalla querés vencer flaca?

Está más que claro que nunca gané. Me contradigo porque quiero lograr ser feliz en este mundo, pero bien definidas injusticias me lo impiden, porque, es como con mi relación vos. Volverte amar es como la reinserción social, uno quiere pero hay demasiado por discutir y renegociar, y si lo dejamos en manos de esos abogados del azar, parecen no hacer mucho por nosotros. Yo ansío saber, ante todo saber. Y tú tan callado e impasible, cómo te extraña que te pida, incluso debería exigir una ínfima prueba para apoyar tan sólo la puntita del pie. Quiero volver a caminar. Ayúdame a caminar otra vez sobre el terreno pedregoso de nuestra historia. ¿No entiendes, pues, que el amor es una continua diseminación?