dijous, 5 de juliol de 2012

Eros, como tú y como yo

La concentración de la energía erótica en la sensualidad genital impide la trascendencia del Eros hacia otras «zonas» del cuerpo y hacia su medio ambiente, impide su fuerza revolucionaria y creadora.

Herbert Marcuse



Eros, como tu nadas en mi aura declamando el mundo. El otro día salvamos, haciendo el amor, a tu hermano que se suicidó. Anteayer restauramos un templo del pensamiento con nuestros abrazos, y los otros amantes volvieron a alzar la vista hacia los techos de sus sueños y las ruinas no se olvidaron jamás, pero cómo nos lo agradecieron.

Eros, como nos vemos allá fuera de esta realidad. Los dientes aprisionan a la bestia contenida. El silencio nos unió al fin. Tú buscas a alguien que encierre un poquito de mí y yo busco a alguien que encierre un poquito de ti. Cómo estamos observándonos, como espectros pálidos en la noche. Decirte que -“No te salves”, Benedetti- es igual a olvidarte y más, a volverte a intuir en la respiración escondida innecesariamente bajo sábanas sofocantes por puro capricho de armonía subterránea.

 Los picos de tus rodillas, el temblor y el terciopelo de los roces, como el melocotón. Angustiados observamos las ataduras que intentamos quebrar más profundamente, cada vez presionando más hacia la herida vital. El núcleo de nuestra existencia y mi cabello sobre tu cara te ahoga e intentas recogérmelo con tus manos fuertes. La violencia con la que me agarras y extendemos el líquido hacia el vientre, sabe a agua marina.

Plexo solar iluminado por tu flexo esclerótico, iris ardiendo, sol, fusión completa. Hallando en otras vidas la consecución de nuestro amor, maldito seas. Cómo te siento cuando me piensas. Saber que siempre me sabes y yo te supe y al cabo de un rato pasa otro autobús y volvemos a llegar tarde, rotonda, plexo solar, coxis bordeando el cielo, resucitando el lenguaje del Gran Rechazo. Invalidamos las proposiciones y mitificamos la palabra como única verdad absoluta. Compendio de nuestros besos, miedos y calmas, de entrega desembarazada y fugaz, etérea y unánime. Como nunca tuvimos automóvil hacemos el amor en praderas, extendiendo nuestra libido y erotizando hasta la última raíz, y en ciudades llegamos al ático desde callejones nebulosos mediante la alquimia de nuestras insinuaciones.

Eros, como tu entiendes lo que digo. Como quienes lo distanciaron de Logos. Como quienes se presentan como salvación. Días de nadie. Tánatos es siempre lo que percibo cuando estoy invertida en las fauces de la roca. Tiempo y modo en tanto que se pudiera clasificar y reorganizar como en una antología. Álgebra y geometría invalidadas cuando cruzas el trecho del campanario y estamos frente a frente en algo más que esta vida, en un nuevo paseo por las costas imposibles de los muslos, tratados sobre la liberación en los antiguos vértices que se han tornado caminos.

Ábrete y escucha el manifiesto. No dejes de jugar junto a los invitados. Esclarécete mientras estés aún cuerdo. Compra tentativas a buen precio. Ensueña en silencio. Acuérdate de tus muertos. Encuéntrame en cada palpitar y siéntete morir porque son cenizas. Redescubre la pena y el llanto, resucita el temor. Seguidamente encuentras el agujero y al asomarte las lagunas putrefactas que no fluyen. Abre el canal que encierra tu conciencia estancada. Combate la dominación para vernos de nuevo en ese casto almuerzo de monosílabos. Y entonces sólo deja que Eros, como las realidades conversan acomodadas en sillas de mimbre, recupere su nombre, facilite el tránsito de una estación, culmine en la cumbre de una frente como gota tímida de lluvia y nos dé sabiduría para salvarnos de/a nosotros mismos.