diumenge, 19 d’agost de 2012

de camino a amar una lápida

La muerte está posada sobre mi halo. Ya lleva varios años así. Bien acomodada, bien a gusto, bien despatarrada sin ningún tipo de pudor se toquetea, se desparrama; luego se lleva los dedos a los labios y se besa a sí misma. Hay días en los que está simpática y no me roba la comida, ni bebe de mi agua, ni me cosquillea el cuello cuando intento dormirme. Hay días en los que la muerte bromea sobre los transeúntes y me hace recordar pasadas glorias entre descombros. Ya nos conocemos desde hace años. Por eso se toma en serio lo de que ame en vida y celosa me atrae, me tienta, porque sabe que en esa lucha fiera alguna que otra vez me entregué a la belleza de sus brazos. Los brazos del sueño y el deseo, la calma eterna de la redención. Jamás me apartaría si sus labios se atrevieran a besarme.