diumenge, 25 de novembre de 2012

Hemos vuelto a deambular por casa

Se observa con precariedad, porque es preferible administrar bien el tiempo y la paciencia, cómo se mantienen a flote las incongruencias unánimemente congruentes. Cómo los esfuerzos se colman de más y más dificultades, cómo uno se cae y se levanta como un autómata casi sin derecho a decidir el momento preciso, si prefiere acumular segundos de desesperación mientras se tumba y baja las persianas. No hay opción. Después todo se pondrá en su sitio, dicen. Lo importante es sentir que no se está aguardando.

Se tiende la mano y luego se escapa de los oportunistas.  Por otro lado uno cree conversar, ser parcialmente consciente y palpar con el meñique esa célebre cita tan articulada como desatendida, pues “la realidad no es lo que parece”. Uno no distingue, se equivoca y confía en los extrañados a secas, y me remito a lo dicho en “Del sentimiento de no estar del todo”, pues su noción del extrañamiento es lúdica, recurren al hedonismo e incluso me atrevería a decir que se sirven de esa realidad, se enfundan en ella participando, autoinvitándose al banquete de manzanas con nombre propio librándose de cualquier acto. Se trata de una fatalidad facilitada. Y en el siglo XXI tenemos la versión propagandística mediante las redes sociales, algo que cotidiana y extraordinariamente podríamos denominar esnobismo –atentos a la prótesis que mandan las academias– o enlazaríamos con la expresión barcelonesa y sin vocal neutra molt del pal. Se concluye diciendo que esto es un guiño en toda regla, pueden volver a encender sus audífonos. Mientras tanto yo seguiré en este lugar vagamente estático.