dijous, 27 de desembre de 2012

Agarrotados


Entonces era cierto
y nada quería
cuando pudo
tenerlo todo.

Ella por cada
ápice
se dejó
una membrana
y desprotegida
no dejaba de sangrar;
la herida
manaba
como la certidumbre
de que esa
era su vida.

Del sudor
surgió ese diploma
encuadrado
que no mucho le decía
tal vez que era eso,
hojas de evasión
un esfuerzo por saberse en esas páginas más que en su propia existencia. Porque así los días se suceden y jamás quiso adentrarse ni buscar explicación a esos traumas de infancia. Quizás porque los había dejado atrás y nada quedaba de ella en ellos. O tal vez sólo reiteraba la traición porque tuvo que volver a medirse para comprobar que su cuerpo no se había reducido a cenizas. Al cabo de un rato dejó de pensar, corona de sarmiento y rayo, que os den a todos por culo.