dimecres, 19 de desembre de 2012

Debe ser la condición humana que

Todas las parejas hablan de cosas importantes, definen continuamente su relación mediante términos que personas como nosotros tomarían por apocalípticos. Y es más, van de compras juntos y conocen a los padres y cenan en familia… y tú te preocupabas por la consonancia de tus cicatrices. Hace tiempo ya que renunciamos a esa vida, amor, aceptando tímidamente la consideración de que un compañero debería ser el mismo animal extraño. Y se dirían, sin precisar quién es quién pues resulta bastante evidente y tampoco es plan de ofender a nadie:

– Me están buscando.
– ¿Qué piensas hacer?
–  No lo sé. No quiero volver.
– No me prometas que te quedarás. Sabes que siempre puedes irte.
– Tampoco me dejas opción de prometerte nada. Y a ti, ¿no te espera nadie?
– Sería una forma de decirlo.
– ¿Entonces?
– Que yo tampoco lo sé –aguarda unos segundos– pero no necesito saberlo.
 A veces es mucho mejor no saber.
 Lo peor es cuando sabes y no.
 Y no quieres ver. Recurrente cliché.
– Creo que lo mejor es no saber. Si todos supiésemos nadie... en fin, se enamoraría.
– Quiero este lugar contigo.
– ¿Y  el resto?
 Estaremos preparados para lo que venga. Basta con ser conscientes.
– Siempre he tratado de huir de mi conciencia en vano, como si ignorándola me asegurase un lugar en la felicidad, el paraíso, whatever.
 ¿Recuerdas aquella escena de Zabriskie Point?
– ¿La mejor?
– Sí. ¿Qué te parece?
– Karl... con ce ─ríe con el fin de postergarse─ siempre he querido hacer eso. Y provocar explosiones con la mirada.

Se produce un largo silencio, mayor que cualquiera de los anteriores.

─ Está bien, hagámoslo.


Y llorarían juntos, eligiendo el dolor como Faulkner. Desde la voluptuosidad cáustica hasta la resurrección sobre las tejas de una casa rural, que posiblemente acogería vagabundos ebrios que antaño fueron los salvadores del mundo, o algo así. Está claro que resistirse es más improbable que imprudente, y es cuando se desvela  lo mejor y lo peor de cada uno. En esa sed de amarse hay una resistencia implícita, amar es viajar con alas ensangrentadas y corrijo, no eran requiebros, eran las poesías vacilantes de un joven las que siempre dijeron la verdad. Ahora que lo pienso, lo cierto es que aprendí poesía del mejor prosista de la historia, y así fue en todo lo demás.