divendres, 14 de desembre de 2012

Interludio paticojo

La literatura como poder fático era una consideración tan interiorizada que al pronunciarse sentí un nuevo despertar pues en ciertos desmembramientos se produce un loco acierto. Es como cuando piensas en Ícaro y en seguida vas a Brueghel o miras el telediario y aquellas tragedias son la ventanilla de un medio de transporte que tomas día tras día y nada te sorprende, y lo que es peor, nada te altera –qué terrible es la apatía–. Fue en una conferencia, aunque no me detendré a ofrecer una breve exposición de lo tratado puesto que podría desembocar en algo un poco pegajoso, todo sea  para marcar la ausencia. Lo único que destacaré es lo siguiente: “Come moscas cuando tiene hambre La Bandera de Chile / en boca cerrada no entran balas / se calla / allá arriba en su mástil" (Elvira Hernández, La Bandera de Chile).

Si nos trasladamos a esta supuesta contemporaneidad, a un supuesto nosotros, cabría mencionar dos cosas importantes. Primeramente que con nuestra bandera ni nos sonaríamos los mocos. En segundo lugar que la máxima expresión de lo artístico parece ser el bestseller, quedando olvidado todo lo que nos enseñaron los PadresdelaRuptura. Entonces la pregunta: qué es lo que queda por hacer cuando está todo por hacer. Y nada no es opción porque se trata precisamente de la causa previa, la tara que disimulamos mientras rodeamos nuestros ombligos con el dedo y contamos uno, dos, tres apoyándonos en las paredes, en las barbillas, para cerciorarnos de la corporeidad de los latidos de una historia que desconoce su propio argumento.