dissabte, 1 de desembre de 2012

Párpado indiscreto

Veo los sueños sigilosos,
admito los postreros días,
y también los orígenes, y también los recuerdos,
como un párpado atrozmente levantado a la fuerza
estoy mirando.


Pablo Neruda



Al tropezarnos caminamos, al no hacerlo aguardamos la próxima debacle, porque la zambullida es pura inercia, y nuestra comunidad se fundó en los trazos del destierro, el roído muro de nuestro hogar, el abismo que se brinda y sabe a nosotros. El peligro está en la mañana -Meet me in the morning-. La guerra que causa más pavor, contra nosotros mismos. El bello estruendo del despertar, el reflejo gélido de un manantial de espíritus soñados, altas horas de azahar, noches de verano dietético un poco menos estricto, por raciones generosas de fertilidad, racimos breves de catarsis, indigestión necesaria para enaltecer la visceralidad que iba a anunciarse rectora del imperio. Y ahora la paz de la contabilidad nos escupe a la cara ese número primo, errático y sin calzado, al que no se sabe si ahuyentar u ofrecerle un plato de sopa. Pobre exactitud inflexible, geometría de los cuerpos, que nos dice que más allá de lo que alcanza el brazo no podemos abarcar. Tiento a la suerte y es cuando se asoma el espectáculo, observo sin pudor la vacuidad de sus vidas, también sin altivez ni decoro, más  bien como un mero observador que se ignora a sí mismo, harto de tantear a ciegas, esperando ver si algo sucede, algo, que le haga comprender que esa línea que trazó fue consecuente consigo mismo, con su historia, y la de todos ellos.