dijous, 28 de febrer de 2013

tareas legítimas

Aunque la voz (su olvido
volcándome náufragas que son yo)
oficia en un jardín petrificado

recuerdo con todas mis vidas
por qué olvido.


Alejandra Pizarnik

Y aunque la eficiencia tamiza los actos
hay algo claro en mi disposición,
en risas anónimas y otras camas,
la voracidad disciplinaria
es proporcional
al desgarro.

dissabte, 9 de febrer de 2013

La antítesis ocular de converger en una fotografía

Fondo oscuro-fondo claro, siempre es oscuro el fondo que cubre las infancias, telar de aguas enfurecidas. El fondo pues, es oscuro. Dos focos de luz nos iluminan, el enfoque parece perfecto. Ambas circunferencias se rozan en su trazo casual, a duras penas, por un momento, el embrión germinado en su hermandad propone un nuevo centro de las cosas. Y ahí estamos, los dos hálitos de luz agudizan la palidez de nuestros cuerpos que contrasta con el fondo; resalta tu ojo azul, mi ojo verde, como una reiteración de los focos parejos, si vamos más allá también lo serían las pupilas y los ombligos. Nuestros pechos son el tema central de la fotografía. El mío cubierto por lencería minimalista, en tu desnudez, sin embargo, se intuye -porque el halo censura el resto, pues no iba a tener también límites- más recato que en mi boca. Esta maldita saca a colación los posavasos que nunca utilizamos, la prevención intacta… y no le queda más remedio que hacerlo con palabras. La lente es la misma y el objetivo dos  imbricaciones de un globo ocular, bimembre perro andaluz. Ahora comprendo que somos el desenfoque de una misma persona con trayectorias invertidas: tu desmotivación, mi lucha. Miller ya empieza a hablar. El mundo se completa en centímetros accidentalmente comunicados por térmicos sueños y conversaciones suspendidas. Fotografía esclerótica sobre el mandamiento No Volverás, porque entonces todo tiene demasiado sentido y las noches no se nos arremolinan e inevitablemente te sientes más idiota y más frágil al tomar consciencia de la insignificancia del papel que te empeñas en no asumir en este juego estrepitoso que es amarnos, en esta condena divina que nos aboca al periplo, a la imposibilidad de olvidarnos.

dimarts, 5 de febrer de 2013

Flores raras

Escribe con labios de sangre y miel, y bajo su obligo una mácula púrpura que anticipa su sexo, motivo común y más abajo la profundidad del obsequio sagrado: múltiples argumentos. A posteriori el cierre del pórtico, acritud, balance cadencioso entre recelo y amabilidad. Sobre todo el terco beso de despedida con el fin de no demorar más lo que sigue sumando y cuenta historias sobre la mediocridad, por lo tanto: nada. Es lo que no se ve: todo. Y a partir de ahí empieza a restar y a difuminarse. El abrazo es breve, nos miramos desde estancias camufladas mientras vamos acortando las distancias de lo fundamental. Hasta las bestias danzantes de nuestras cabezas merecen algo de tranquilidad.