divendres, 15 de març de 2013

diálogos sobre la parálisis circular

¿Se puede vivir en función de lo que uno desconoce? Me preocupé inútilmente, pero quién inútilmente se preocupó por mí. “La verdad es que fue un polvazo”. Este es el estado de las cosas fuera de tu selva amazónica. La mujer histriónica, trata de conciliarse con su incomprensión, más bien empieza a desentenderse, nada para bien ni para mal, para desentenderse. “Mi puta avaricia de  siempre querer quitarte las braguitas nos acabó distanciando”. Fue tan ciego intercalar razones, responder, es que eternamente acabaré prefiriendo lo contrario  a lo que quieras decir. ¡Cómo ese poder invalida sus actos!. A navajazos se van desabotonando lo miedos. -Dios es un desentendido-. “El beso siempre es terco, la imagen en tu espalda no está allí por casualidad”. No tengo porqué  decir nada al respecto. “Me encantaba tu actitud asustadiza”. Se desentiende de esa atracción al caminar, si hay que agarrarse a palabras ardientes que nos abrasen por un buen motivo. Pronto, y ya estás queriendo. Que no sea una renuncia. “y cuando te abandonabas”. Bla, bla, bla, tic-tac.

No es fácil perdonar, ni perdonarse, renunciar porque nos quedó bien la torre de marfil. Por cierto, ¿dónde coño guardaste la llave? La nada, la suya, la de otros, que nos lleve tan lejos que al reiterarse en cualquier detalle estúpido sepa decirnos que al amor no hay que darle razones de ser ni lo contrario, es la vida la que anda pidiendo explicaciones. Nos convendría hacer los deberes. Debe perpetuarse y es distancia, y es reclamo, son tantas cosas que no vendrán a cuento, porque se trata de decir las cosas por la pura sonoridad de oírlas, entonces se retira, entonces se encara, prosigue. No hay justificación en el engaño, ni por el engaño uno puede justificarse. Todo lo que pueda decirse a partir de aquí ya no me importa, llevo partiendo y besando esas balas toda mi vida.