dissabte, 9 de març de 2013

Gin tonics a las puertas del amanecer

Se iban pasando la pelota Sabina y Serrat. Torpes, los amantes confiaron demasiado en sus mentiras; después de un carnaval los techos anhelaban esas danzas, ellas tomaban café. Otros sí que engañaron al amanecer, por demasiados gin tonics tal vez. Cuando se tumbaron a admirar las estrellas ya se plantaron las nubes. Los transeúntes con desprecio trataban de esquivar sus cuerpos temblorosos. El nómada y su casa desperdigada, el desodorante rodando posible causa de muerte. El cabezal de su cama fue el escaparate de una tienda, entre tanto la dependienta llamaba a la policía. Temían los ojos de aquel pájaro asustado las miradas inquisidoras que se le iban clavando. Avanzó el autobús y aquella escena se difuminaba. Nadie comprendió que ese obstáculo era el pilar que sostenía su caminar ligero, sus vidas cronometradas y el llanto de sus sueños enfermizos; nadie se desvió de su camino, nadie trató de conocer la verdadera vida.