diumenge, 11 d’agost de 2013

Armisticio

Habría que reconocer ciertas banalidades que superpusimos alrededor de las cuentas que nos íbamos haciendo, el parapeto de la fidelidad, entendida extrínsecamente como el asedio de nuestras libertades, intrínsecamente, como el férreo haz de luz que nos acaramelaba en la insatisfacción de sabernos hechos precisamente en ese ciclo exasperante, contradictorio y crepuscular de amarnos sin rechistar, porque lo más dulce era no oponer ningún tipo de resistencia más que para enderezar la pierna como quien iza una bandera y al costadito; convenía acatar las órdenes de una inercia tiránica, exenta de orgullo expiatorio, razón o bondad; consistía en admitir que estábamos extenuados de guerrear inútilmente con el fin de delimitar nuestro territorio, exiliar el perdón, pero ciertamente lo más sensato fue deponer las armas, renegar aún un poquito pero a bocanadas, pero muy poquito, con tal de no herirnos más cualquier renuncia era asequible, que a veces la victoria está sobrevalorada o bien se tergiversan los conceptos, que no cabe hablar más de lo necesario, importa poco mientras. ¿Sale a cuenta perder tanto en virtud de la conciliación?, ¿o la justificación del pecado nos alienta a pregonar indebidamente sobre la esperanza? Sí, más bien me importa un carajo. 

dimecres, 7 d’agost de 2013

Renegar

Escribo tu cuerpo, sin dudas lo escribo, con miedo lo palpo y tamborilea un compás que reconozco y con la calma del otoño me abandono para posarme en tu pecho. Te miro, y al mirarte es soportable esta pena, el augur que nunca calla. Te prometo este instante. No somos más que desenlace que niega su naturaleza, absurdidad de contenernos en esta postura que ensombrece tu sexo sin rozarlo siquiera. Pero el abismo de tus ojos me envenena y tartamudeo. Escarbo un poco más fingiéndome distraída. Pero ambos sabemos lo que estoy pensando. Yo sé cómo escrutas mi alma villano, y me haces daño a consciencia, y yo te dejo con tal de que me ames frustradamente. Entonces me miras como un vagabundo pidiendo pan.

-Sonríes como si no tuvieras a nadie.

Has vuelto a hacerlo. Yo soy de hormigón y acero. Me apoyo en la pared desnuda y sin pedir permiso te imaginas el verbo, te relames los labios, haces pedazos el cigarrillo ofuscado, sientes el fuego que encallece tus dedos como prueba irrefutable de tu hombría, tu hombría i-rre-duc-ti-ble. Empty bed blues, a los veintitrés uno  empieza a comprender.

diumenge, 4 d’agost de 2013

La maniatada verdad

Lo que tengo adentro,motivo de inundación, podría llevarnos a una nueva Atlántida, y lo que es peor, podríamos agradecer ese extravío, podríamos abordar el problema como el que vuelve a casa tras un decenio disecando margaritas.