dilluns, 9 de setembre de 2013

Poema de la decepción o irrevocable realidad

Miro al techo que hoy ha vuelto a gotear,
hacía tiempo que no llovía así.
Y cada gota golpeando contra los cacharros de metal
me hace pensar unas veces en sangre y otras veces en ti.
Lo que en realidad viene a ser lo mismo.
Lo que, por crueldad, ahora viene a dar igual.

Nacho Vegas

Lo irreductible no debe inmiscuirse en la estación monolítica
del no hay más remedio que amputar
y dejar desprovista la dialéctica yugular
de conocernos,
es en vistas de un diluvio peor,
la menor de las consecuencias.

Y al amparo de Dios quedarán aquellas prerrogativas
que redujeron la visibilidad desde un muelle vacilante
y abrumaron a tantos teóricos.
Es decir, bramarán sin obtener más respuesta
que el radical silencio:
ni un ápice de esperanza,
una trampa hermética que ni el amor disuelve en caricias.

Porque al final su propio elixir y los sinsentidos de la devoción
demandan musitar una salida;
la lozanía de su rebeldía deviene en epitafio,
en la perplejidad de saberse solo en esa lucha,
aún,
todavía,
y sin piedad.
Del amor queda su nombre, su dirección,
la falta de recursos que alentaban
por esteticismo abrupto
su inutilidad y lo absoluto
al mismo tiempo.

De todo aquello quedó convalecencia. 
La imprudencia de despojarse,
la ausencia de respuestas
o la certeza total
de que el albor de todo fuego se extingue,
de que no hay salvación posible
para los que se condenaron plácidamente
y descartaron
todo lo demás.