dimecres, 30 d’octubre de 2013

Doble garantía

Poder diré sin lágrimas: embiste,
Justa fatalidad. El muro cano
Va a imponerme su ley, no su accidente.

Jorge Guillén




La eternidad se da, tal vez,
degustando en tímidos pliegues
lo que sutilmente
bajo el velo nupcial de la fatalidad
se nos brinda: el presente
con jugos de pertinencia disuelta.
Nos atamos las manos  y encima ciegos,
negándonos el fruto,
creemos perpetuarnos
tanteando el parapeto de nuestro mirar,
nuestro entender,
nuestro vivir.
Hasta la rendición es frágil en nosotros. 

divendres, 25 d’octubre de 2013

Irse en palabras

De esta Ítaca invertida
no queda mucho más.
Ni siquiera bautizar
 con rúbricas de hiel
los deshechos
de lo vagamente humano

¡Por poco el mar y la fronda nos salvan!

Este mendigo que soy
con ropajes mustios
como saber convivir,
sólo se reconoce
en los ojos de Argos.
Más allá de la algarabía
y mi sonrisa
estoy yo, y él lo sabe.
Como Lorca lo supo
desde su risa contemplada
hasta la dentadura del caballo.

Seré yo que espere la llegada
de mi partida.
Por ahora los días pacen
en campos de algodón y grima,
acolchado de escamas
que es la huída,
puñado de algas
que enredan la vida,
a veces cansada y sumisa,
complaciente esparto
amoldado al trabajo.

¡Por poco se creen que aquí termina!

En este vientre yermo
de tierra baldía
por más que no tiendan sus brazos,
por más que no llueva,
siempre ramifica
ese canto desesperado
que absurdamente me empuja
a seguir velando,
aunque siempre estuvo en mí
el irse en palabras:
la lejanía es su hogar.
Y seguía cantando.

dilluns, 21 d’octubre de 2013

El chapoteo

¿Y la verdad? La verdad es que estás nadando solo como tu condición existencial, un precario acuerdo pre y post mortem, las delimitaciones siempre en su banalidad como tú en tu juego de ir reescribiendo la historia de tu vida. Para dar fe de algo -de ahí los comparativos- qué se yo, no conozco a muchos que pararon a preguntarse, porque la pregunta ya estaba allí, en el acto, antes y después, incrustada en sus globos oculares como una araña, las uñas de una brujita, un canto quejumbroso y aterciopelado, el jazmín a media noche justo después de pasar un coche a ciento veinte.

Cruzando al otro lado, el desvío de la izquierda, náyade de aguas verdelindas, únicas en su opacidad, tremendas omnipotentes, cristalinas al anochecer desprevenido, fuego de la mañana; ciclo intermitente. Estoy desesperadamente cuerdo, por ello soy perfectamente inestable. Entonces. 

divendres, 18 d’octubre de 2013

Teoría para navegantes extraviados

Crea el alma sus riberas;
montes de ceniza y plomo,
sotillos de primavera.

Antonio Machado

Del amor tomamos lo más elemental,
la carne, el desamparo de los padres,
la carne.

Nos aferramos tercamente
a la tibieza de las bocas
en el beso.
Desatendimos a las almas;
la consonancia del presente
y la quimera de lo perdurable
 aguardaban en un futuro ajeno.
El olvido de nuestros nombres
no era más que agotarse
en el abrazo impermeable
frente al planto venidero
y la libido quebró en su vuelo
escarmentando a los peces
de esa charca
que se quiso océano.

Y cuando fueron ascetas
reclamaban sus cuerpos
el encuentro encarnizado.

El techo que cubrió de luces
el pantanoso lecho de su vileza
tendió un sinfín de razones,
mas el villano fue tierno
socavando el terreno.

Entonces el falso idólatra
se desesperaba.
Entonces se decía
que si vivir es incertidumbre,
que si amar no fue suficiente,
y efímera es la rosa,
el avance es cumbre y pozo,
la ruta serpentina
ofrece bóvedas fugaces
y señales noctámbulas.
El viaje es fluctuante,
la marea caprichosa
que sostiene la nave.


dimarts, 8 d’octubre de 2013

Inventando la emoción: Vicente Huidobro

ARTE POÉTICA

Que el verso sea como una llave
que abra mil puertas.
Una hoja cae; algo pasa volando;
cuanto miren los ojos creado sea,
y el alma del oyente quede temblando.

Inventa mundos nuevos y cuida tu palabra;
el adjetivo, cuando no da vida, mata.

Estamos en el ciclo de los nervios.
El músculo cuelga,
como recuerdo, en los museos;
mas no por eso tenemos menos fuerza:
el vigor verdadero
reside en la cabeza.

Por qué cantáis la rosa, ¡oh poetas!
hacedla florecer en el poema.

Sólo para nosotros
viven todas las cosas bajo el sol.

El poeta es un pequeño Dios.


Vicente Huidobro. El espejo de agua (1916).           

diumenge, 6 d’octubre de 2013

Canto mudo de vivir

Cualquier día en que decidas
abrir la ventana de mi habitación,
cuando sea la hora digna
en que te concedas escuchar,
oirás la melodía de un perro de vecindad.
Su canto a la muerte se confunde
con el silbato de la negra amazona
y su cieno
 y su propósito.

En un zulo y atado,
beligerante,
desoye a sus dueños encorvados.
Al contrario que ellos y nosotros,
su universo emparedado
atisba vagas lunas.

El otro día en la sala de espera,
venas ancladas y aguijones que no cesan,
hablábamos mi abuela y yo
compartiendo sueños-Tánatos.
Ella me dijo que no veía el por qué
de mi anacronismo.
Entonces comprendí
que mi arraigo a la vida
siempre fue mayor
 que la vana palabrería
de morir.
Morir: desamor, desengaño, decepción, traición.
Yo siempre combatía
sin saber por qué,
a no ser que,
claro que sabía.
Lo que brota y trepa es invisible
a radiografías o contadas palabras.

Volvía el silbido más intensamente,
y resulta que no era la muerte:
era el afilador de cuchillos.

dimecres, 2 d’octubre de 2013

Urdidura de la escalinata

1.
Si existe un amor, éste no es el que se amontona en cajas de mudanzas desprovistas de enseñanzas magistrales. Lo ilustre del desorden habita entre filos homicidas, hojarasca de invierno.  

2.
Un trecho insignificante entre el despliegue triunfal y lo mórbido de un velatorio. Somos de esas piezas errantes que se pertenecen al negar la geometría de su encaje, dando con el fatal acierto de vivir siendo uno mismo.

3.
Mujer que sollozas sin saber qué invocas en tu plegaria, si la plenitud del descenso o el eco constante del vacío; ambas cosas te remiten a lo mismo: la soledad de tus pasos, la torpeza de tu corazón vacilante, el avaricioso o el gran sacrificado. Al final la lencería se ciñe a los textos más que al sexo que te nombra.

4.
Paradoja cuyo encanto te corroe. Verso fútil, a qué juegas. Encarnizado enjambre de palabras, no soy de nadie.

5.
Resuena la huída. Quizás lo único importante sea esa torre de jirones que te extirpas al contar, ya que el punto final y la primera sentencia son de lo poco que no se puede escindir.