divendres, 25 d’octubre de 2013

Irse en palabras

De esta Ítaca invertida
no queda mucho más.
Ni siquiera bautizar
 con rúbricas de hiel
los deshechos
de lo vagamente humano

¡Por poco el mar y la fronda nos salvan!

Este mendigo que soy
con ropajes mustios
como saber convivir,
sólo se reconoce
en los ojos de Argos.
Más allá de la algarabía
y mi sonrisa
estoy yo, y él lo sabe.
Como Lorca lo supo
desde su risa contemplada
hasta la dentadura del caballo.

Seré yo que espere la llegada
de mi partida.
Por ahora los días pacen
en campos de algodón y grima,
acolchado de escamas
que es la huída,
puñado de algas
que enredan la vida,
a veces cansada y sumisa,
complaciente esparto
amoldado al trabajo.

¡Por poco se creen que aquí termina!

En este vientre yermo
de tierra baldía
por más que no tiendan sus brazos,
por más que no llueva,
siempre ramifica
ese canto desesperado
que absurdamente me empuja
a seguir velando,
aunque siempre estuvo en mí
el irse en palabras:
la lejanía es su hogar.
Y seguía cantando.