divendres, 18 d’octubre de 2013

Teoría para navegantes extraviados

Crea el alma sus riberas;
montes de ceniza y plomo,
sotillos de primavera.

Antonio Machado

Del amor tomamos lo más elemental,
la carne, el desamparo de los padres,
la carne.

Nos aferramos tercamente
a la tibieza de las bocas
en el beso.
Desatendimos a las almas;
la consonancia del presente
y la quimera de lo perdurable
 aguardaban en un futuro ajeno.
El olvido de nuestros nombres
no era más que agotarse
en el abrazo impermeable
frente al planto venidero
y la libido quebró en su vuelo
escarmentando a los peces
de esa charca
que se quiso océano.

Y cuando fueron ascetas
reclamaban sus cuerpos
el encuentro encarnizado.

El techo que cubrió de luces
el pantanoso lecho de su vileza
tendió un sinfín de razones,
mas el villano fue tierno
socavando el terreno.

Entonces el falso idólatra
se desesperaba.
Entonces se decía
que si vivir es incertidumbre,
que si amar no fue suficiente,
y efímera es la rosa,
el avance es cumbre y pozo,
la ruta serpentina
ofrece bóvedas fugaces
y señales noctámbulas.
El viaje es fluctuante,
la marea caprichosa
que sostiene la nave.