diumenge, 10 de novembre de 2013

Frenéticas cumbres de hielo

A veces vierto en sangre lo que digo,
a veces pienso “antes de morir
fregaré el suelo”.
Niñez era mirar con bosques dedos
de rosa posados en el labio inferior.
Al fibrilar hice pedazos esa fotografía.
Hoy frenéticas cumbres de hielo,
espasmódica alquimia de la emoción,
me conducen a hacer siempre lo que debo
porque si no, si no caigo en el engaño
de mi propia invitación
al caos manifiesto de la tarde,
ecos azul marino que ahogaron
en gritos toda posible erupción
de inocencia y buenas formas.
Llevadme lejos de sus techos
y  paredes que pintan su legado.
Mi taza nunca fue tan dulce
como la de mamá;
mi sed nunca halló
en la caudalosa realidad
razón para extinguirse.
Supongo que conformidad,
papá y niña bien,
nunca delinearon
ese nombre que olvidé;
por volver que vuelva,
es éste y no otros una leyenda
calumniada que me abriga.